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CRÍTICA: Wake Up Dead Man: un misterio de Knives Out – recobrando la fe

CRÍTICA: Wake Up Dead Man: un misterio de Knives Out – recobrando la fe

Sebastian Zavala Kahn

Crítico de cine

Benoit Blanc está de regreso. Pero si no había quedado claro en las dos entregas previas de lo que ahora es una franquicia millonaria, “Entre navajas y secretos” y “Glass Onion”, él no es el verdadero protagonista de estas historias. El investigador de acento exagerado llega en cada película para resolver un misterio, pero, más importante, para permitirles a otros crecer, madurar, tener revelaciones o simplemente cambiar algo en sus vidas. Es como una suerte de catalizador; quizás no un ser humano redondo o bien realizado, pero sí un arquetipo divertido y expertamente interpretado por Daniel Craig.

¿Por qué menciono todo aquello? Porque en el caso de “Wake Up Dead Man”, el verdadero protagonista de la historia es el Padre Jud Duplenticy (un excelente Josh O’Connor), quien lamentablemente es testigo (parcial) del asesinato del monseñor Jefferson Wicks (Josh Brolin) en plena misa. Resulta que nuestro personaje principal, un exboxeador con tendencias algo agresivas, ha sido enviado por sus superiores, incluyendo al Padre Langstrom (Jeffrey Wright), a trabajar en un pequeño pueblo junto a Wicks, quien es conocido por ser particularmente incendiario, radical e influyente.

Pero bueno, no por mucho tiempo. Pasan unos pocos meses, no más, hasta que Wicks es asesinado, lo cual motiva a Blanc (Craig) a llegar al lugar de los hechos para encontrar al verdadero culpable. El pueblo quiere echarle la culpa a Jud, quien ciertamente no congeniaba con Wicks, pero el detective sureño sabe que es inocente. No obstante, eso no quiere decir que el caso carezca de sospechosos. Está, por ejemplo, la ayudante de Wicks, la beata Martha (Glenn Close). También tenemos a la abogada Vera Draven (Kerry Washington) y su hermano adoptivo, el influencer y YouTuber Cy (Daryl McCormack). Por otro lado, están el doctor Nat Sharp (Jeremy Renner), quien acaba de ser abandonado por su esposa, pero también el novelista venido a menos Lee Ross (Andrew Scott) y la ex violonchelista Simone Vivane (Cailee Spaeny). Y finalmente, no nos podemos olvidar de Sam (Thomas Haden Church), el conserje de la iglesia y el gran amor de Martha.

Es así, pues, que Benoit se dedica a investigar el caso y a estos posibles sospechosos, tratando de resolver un asesinato aparentemente imposible. Después de todo, Wicks muere en el interior de un clóset, apuñalado por alguien que nadie nunca ve, sin testigos aparte de Jud. Pero al igual que en las dos cintas anteriores, el caso termina siendo mucho más complejo y resolvible de lo inicialmente esperado. Claramente no incluiré spoilers acá, por lo que solo diré que tiene que ver con el pasado de Wicks y de su madre, y con las diferentes motivaciones de los personajes secundarios para hacer lo que hacen y ser parte de la comunidad que se ha formado alrededor del controvertido monseñor.

Es a través de esta narrativa, en todo caso, que el director-guionista Rian Johnson logra transmitir temas interesantes sobre la fe y las diferentes formas de profesarla. Por un lado, tenemos a Wicks, que cree estar librando algún tipo de batalla cultural y religiosa, hablando siempre de forma agresiva, echándole la culpa de todos sus males a “la modernidad” y “las rameras marxistas”. Y por otro lado, tenemos a Jud quien, a pesar de tener un pasado oscuro, está seguro de que su trabajo debería involucrar la bondad y la compasión, consciente de que Jesús quería curar al mundo no a través de la guerra, sino más bien la paz. No debería sorprender, entonces, que ambos personajes se lleven mal desde un inicio, lo cual claramente convierte al más joven en el sospechoso número uno del asesinato del más viejo.

Y por supuesto, tenemos también a Blanc quien, como se ha dicho líneas arriba, no es necesariamente un ser humano bien desarrollado, pero que acá cumple el rol de representante del ateísmo. Lo interesante de “Wake Up Dead Man” es que no parece estar ni a favor ni en contra de la fe o de la falta de la misma. Lo que argumenta, más bien, es que lo que vayas a hacer debes hacerlo bien, con compasión, buenas intenciones y siempre al servicio de los demás. Es así que Blanc termina representando la mejor forma del ateísmo, Jud la mejor forma del catolicismo, y Wicks, por supuesto, la peor manera de hacer las cosas.

Temáticamente, entonces, “Wake Up Dead Man” termina siendo una experiencia mucho más potente que algo como “Glass Onion” (que tuvo en su mira a los multimillonarios y sus falsos imperios), y ligeramente menos interesante que “Entre navajas y secretos”, que igual me sigue gustando más no solo gracias a la narrativa en sí, sino también a sus personajes. Porque ahí, desgraciadamente, es donde “Wake Up Dead Man” flaquea un poco. Benoit Blanc sigue siendo todo un deleite, por supuesto, pero de los demás, solo destacan el Jud de O’Connor (piadoso, en conflicto, pero seguro de cómo debe trabajar) y la Martha de Glenn Close (devota, intensa, cautivada por el culto a la personalidad de Wicks).

El resto del reparto está compuesto por excelentes actores que acá interpretan a personajes más bien planos o de poco interés. Jeremy Renner (en su primer rol post accidente) interpreta al doctor Nat como un verdadero perdedor; Josh Brolin es convincente como un predicador violento y extremista; a Mila Kunis se le ve un poco perdida como la jefa de la policía, Geraldine Scott; Kerry Washington hace lo que puede con una Vera Draven que aparece menos de lo que me hubiese gustado; y Jeffrey Wright no tiene más que un cameo como el Padre Langstrom. Adicionalmente, a la gran Cailee Spaeny parece que le han quitado escenas, ya que su Simone parece estar acá casi por las puras, y el Cy de Daryl McCormack es el arquetipo del expolítico venido a menos y convertido en estrella de redes sociales.

Felizmente, el misterio en sí termina siendo más interesante que los sospechosos ya mencionados, no solo gracias a los dos personajes principales y a los temas desarrollados, sino también en parte debido a la dirección de fotografía de Steve Yedlin. Mientras que “Entre navajas y secretos” transmitía el frío de un duro invierno a través de una imagen llena de textura y “Glass Onion” terminó siendo una secuela más bien veraniega (y de aspecto demasiado digital para mi gusto), “Wake Up Dead Man” es la entrega “otoñal” de la saga, aprovechando al máximo los bosques que rodean a la iglesia y los interiores llenos de madera y detalles. Mención aparte, además, para el uso simbólico de la luz en ciertas escenas —como la primera entre Benoit y Jud, donde el sol se oculta durante el discurso del primero, y regresa con potencia cuando el segundo le responde.

Por más que siga prefiriendoEntre navajas y secretos”, “Wake Up Dead Man” ha terminado siendo una digna secuela, superior a “Glass Onion” y fascinante en su ejecución. El misterio central está brillantemente ejecutado y resulta en momentos verdaderamente chocantes, y el trabajo de Josh O’Connor, Daniel Craig y Glenn Close ayuda a que uno conecte con sus personajes. Puede que el resto del reparto esté un poco desperdiciado, pero felizmente sus caracterizaciones algo flojas no terminan por arruinar la experiencia de ver “Wake Up Dead Man”. Espero que Johnson se anime a seguir sacando estas películas por mucho tiempo; ver a Benoit Blanc resolver un nuevo misterio cada par de años debería convertirse en una suerte de tradición cinéfila que, además, eventualmente debería regresar a los cines.

Crítica de Sebastián Zavala Kahn

Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.