Basada en el videojuego indie de nombre parecido (hay un solo “The” de diferencia), “Exit 8” es una cinta de horror psicológico que por momentos logra perturbar, en otros resulta un poco frustrante, y en general funciona como una metáfora para la paternidad y los retos que trae consigo. Visualmente ambiciosa y sorprendentemente poco repetitiva, la película lo deja a uno con la sensación de haber visto algo tanto original como irregular. Por ende, por más que el balance general sea positivo, resulta prácticamente imposible evitar sentir que el producto final podría haber estado un poquito mejor pulido, especialmente en lo que se refiere a sus caracterizaciones centrales.
“Exit 8” comienza mostrándonos al Hombre Perdido (Kazunari Ninomiya), un chico que viaja por el subterráneo de Tokio, escuchando música en sus audífonos e ignorando una situación injusta en el tren, que involucra a un hombre agresivo gritándole a una mujer que no puede controlar los llantos de su bebé. Pero lo verdaderamente problemático sucede cuando sale del tren y comienza a caminar por los pasillos de la estación. Su exenamorada lo llama, le dice que está embarazada y le pregunta qué decisión piensa tomar. Nervioso y confundido, nuestro protagonista no tiene una respuesta clara para la chica.

Lamentablemente, la llamada se corta una vez que el chico sube las escaleras y se mete en un pasillo de pisos y paredes blancas, prácticamente vacío. Y cuando trata de salir, se da cuenta de que, de alguna manera, se ha adentrado en un bucle temporal-espacial. Todos los letreros apuntan a una Salida 8 al parecer inexistente, y después de un rato, se da cuenta de que un aviso en una pared le da indicaciones bastante específicas, advirtiéndole sobre la presencia de anomalías. Resulta, pues, que debe caminar por el mismo pasillo varias veces: si no detecta nada raro (una anomalía), puede pasar de corrido, lo cual hace que un letrero en particular cambie de número, comenzando por el cero e, idealmente, llegando al 8. De llegar a este último número, el Hombre Perdido podría escapar del buque.
Pero (y ese es un gran pero), si se encuentra con alguna anomalía, debe retroceder; de lo contrario, el letrero regresa al número 0, sin importar qué tanto haya avanzado. Dichas anomalías pueden ser desde lo más sutil –una chapa de puerta fuera de lugar, un letrero con el número 8 de cabeza– hasta lo perturbador: un Hombre Caminante (Yamato Kochi) que lo persigue, sangre que chorrea del techo o luces que parpadean. El caso es que nuestro protagonista tiene que hacer todo lo posible por seguir adelante y hacer que los números avancen; de lo contrario, podría quedarse atrapado en este misterioso pasillo para siempre.
La premisa de “Exit 8” es buena, y aunque admito no haber jugado el juego original, se nota a leguas que el concepto funcionaría, también, como una experiencia interactiva. La referencia más clara a su fuente original de inspiración está en la primera secuencia, presentada toda con un plano secuencia subjetivo, que nos sitúa en la mirada del Hombre Perdido. Pero la idea de tener a un protagonista que debe resolver puzzles, investigar bien sus alrededores, y hasta lidiar con personajes que, en ciertos momentos, se sienten como NPCs, también se siente como algo sacado directamente de un videojuego.

Eso sí, felizmente, “Exit 8” tiene algo más que transmitir que la simple sensación de estar viendo un video de gameplay en la pantalla grande. El tema principal del filme es de la paternidad: el Hombre Perdido, a lo largo de esta perturbadora experiencia, se va dando cuenta de lo importante que es ser buen padre y de las responsabilidades que va a tener que asumir una vez que acepte la existencia de su bebé en el futuro. No quiero incluir spoilers, por lo que solo mencionaré que el arco de personaje por el que atraviesa el Hombre Perdido está bien construido y que el desenlace de la película resulta satisfactorio, al menos a nivel temático.
No obstante, si “Exit 8” cuenta con un grave problema, este está, curiosamente, vinculado a las caracterizaciones de sus personajes principales. Puede que el arco del Hombre Perdido funcione, pero tanto sus reacciones como las de otros resultan frecuentemente frustrantes por lo ilógicas que pueden llegar a ser. En pocas palabras: en muchas ocasiones, los personajes de “Exit 8” actúan como idiotas, quedándose inmóviles cuando una anomalía hace acto de presencia, o entrando a lugares oscuros cuando claramente no deberían hacerlo. Si se ha establecido desde un inicio que, de ver algo raro, los personajes deberían dar media vuelta e irse, resulta estupidísimo que hacia la segunda mitad de la historia sean todavía incapaces de hacer justamente eso.

Fuera de aquel problema, tampoco puedo evitar sentir que “Exit 8” debió aprovechar mejor la situación tan perturbadora en la que se meten el Hombre Perdido y compañía. Sí, hay varios momentos de palpable tensión y un par de secuencias memorablemente perturbadoras (como la que involucra a una serie de criaturitas en la oscuridad). Pero por cada una de esas escenas, también hay secuencias tediosamente mundanas, en donde las anomalías no resultan ni particularmente difíciles de detectar, ni muy enervantes que digamos. De hecho, resulta hasta medio gracioso que el personaje más perceptivo termine siendo un niño (Naru Asaruma).
Sin embargo, como se mencionó líneas arriba, el balance general es positivo. La dirección de Genki Kawamura es estilizada y efectiva, haciendo un buen uso de planos secuencia –algunos con cortes escondidos– para establecer con claridad la geografía de este pasillo aparentemente mágico. Y las actuaciones son todas de buen nivel, permitiéndole al espectador empatizar con los personajes y la situación tan curiosa en la que se encuentran. El problema de “Exit 8” es que pudo ser más terrorífica y pudo tener personajes que tomen decisiones más inteligentes –maneja una buena premisa, solo que no la aprovecha tan bien como me hubiese gustado. No obstante, igual vale la pena que le den una oportunidad a “Exit 8”; después de todo, igual es de las mejores adaptaciones cinematográficas de un videojuego que se hayan hecho, y funciona tanto a nivel temático como atmosférico.
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

