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CRÍTICA: El diablo viste a la moda 2 – lo mismo otra vez

CRÍTICA: El diablo viste a la moda 2 – lo mismo otra vez

Sebastian Zavala Kahn

Crítico de cine

Tuvieron que pasar veinte años (¡!), y supuestamente, muchas negociaciones salariales con Meryl Streep, pero por fin se ha estrenado “El diablo viste a la moda 2”, la secuela de aquella popular comedia dramática basada en el libro del mismo nombre. Y aunque no me animaría a decir que el nuevo filme es una decepción total, ciertamente no logra estar al mismo nivel de su predecesor. Lo que tenemos acá es una producción que cubre mucho de lo que ya se había desarrollado en la primera entrega, solo que en un contexto de constante cambio, en el que el periodismo serio parece estar al borde de la extinción.

Esto último es lo que diferencia más a esta segunda parte de la primera, aunque lamentablemente no es un contexto que sea particularmente bien desarrollado. Sí, mucho se habla sobre la importancia de un tipo de periodismo que, lamentablemente, está siendo reemplazado por “contenido” (ugh) online, y sobre la poca relevancia (y extinción gradual) de las revistas impresas. Pero mientras va avanzando “El diablo viste a la moda 2”, menos se va ahondando en estos temas, ya que el guion de Aline Brosh McKenna (quien también escribió la cinta original) prefiere repetir mucho de lo que tuvo éxito la primera vez.

Al comenzar “El diablo viste a la moda 2”, nos enteramos de que ha pasado la misma cantidad de tiempo en la ficción que en la vida real. Andy Sachs (Anne Hathaway) está en una ceremonia de premiaciones periodísticas, y justo cuando está a punto de salir al estrado a recibir un premio, se entera de que su equipo entero –incluyéndola a ella– ha sido despedido. Puede que tenga años de experiencia como redactora y editora, pero nada eso impide que las corporaciones realicen despidos masivos como parte de los procesos de reorganización de sus empresas.

No obstante, es por todo esto que se le presenta la oportunidad de regresar a Runway, la revista de modas convertida en corporación de “contenido” (UGH) todavía manejada por Miranda Prestley (Meryl Streep), ahora casada con el músico Stuart (Kenneth Branagh). Y aunque cuando Andy regresa parece que su antigua jefa no la reconoce, poco a poco se va acostumbrando a su nuevo rol como Jefa Editorial, trabajando, por supuesto, junto a Nigel (Stanley Tucci), pero también con la ayuda de una nueva asistente llamada Jin (Helen J. Shen).

Lamentablemente, estar de vuelta en Runway no resulta muy sencillo que digamos. Resulta que la tarea principal de Andy es hacer que la revista sea relevante otra vez después de una situación controvertida y difícil. Y Miranda no está de su lado, ya que ella se enteró de la contratación de nuestra protagonista a último minuto. Además, Andy tiene que lidiar con la nueva asistente de Miranda, Amari (Simone Ashley), quien no la recibe con los brazos abiertos, precisamente, y eventualmente con Emily (Emily Blunt), quien ahora trabaja en Dior, habiéndose ido de Runway años atrás. Súmenle a esto un potencial romance con el australiano Peter (Patrick Brammall), y la vida de Andy se torna muy complicadamente rápidamente.

Lo más frustrante de “El diablo viste a la moda 2” es que, a pesar de decirnos claramente que veinte años han pasado desde la última película, la mayoría de personajes –especialmente Andy– terminan pasando por un proceso de regresión. Consideren, por ejemplo, que nuestra protagonista, se supone, ha estado trabajando por años fuera y dentro de los Estados Unidos, y que tiene muchísima experiencia profesional (tanto así que, como se había mencionado ya, le estaban dando un premio importante). Pero a pesar de todo esto, igual se comporta de manera errática e inmadura cuando regresa a Runway, eventualmente cometiendo errores importantes (similares a los del filme anterior), y en general comportándose como si tuviera veinte años menos.

Lo mismo se puede decir sobre Emily. Al inicio parece haber crecido como persona: ha pasado por un divorcio, tiene dos hijos pequeños, y ha comenzado a salir con un multimillonario idiota llamado Benji (Justin Theroux). Pero eventualmente nos enteramos de que las motivaciones para hacer lo que hace están vinculadas a cosas que sucedieron años antes, como si nada de lo que pasó entre películas tuviese importancia. El caso de Miranda, felizmente, es menos grave; al inicio resulta hasta preocupante que no reconozca ni a Andy ni a Emily (tanto así que, al ver estas situaciones en los tráilers, muchos fans pensaban que se revelaría que el personaje sufre de demencia), pero poco a poco se va transformando en una versión igual de divertida pero un poco más humana del personaje que conocimos en la primera entrega.

Ahora bien, no me tomen a mal. No todo en “El diablo viste a la moda 2” es negativo. De hecho, el producto final es entretenido y maneja un tono similar al de la película previa, lo cual debería poner cómodos a los fanáticos y fanáticas que estén emocionados por ver a sus personajes favoritos nuevamente. Lo mejor del filme, de hecho, está en las interacciones más humanas entre personajes; aquellas miradas o diálogos graciosos entre Andy y Nigel, por ejemplo, o las frases incisivas que Miranda todavía tiene y lanza sin mayores preocupaciones. Sí, la falta de crecimiento de Andy y Emily es frustrante, pero cuando la cinta demuestra entender a sus personajes, resulta satisfactoria.

De las actuaciones no me puedo quejar, además. Anne Hathaway hace lo que el guion le pide, que por momentos no es de lo más satisfactorio, por lo ya mencionado. No obstante, igual logra inyectarle mucho encanto al personaje, y uno logra empatizar con ella gracias a cómo, todavía, necesita de cierta cantidad de validación por parte de Miranda. Esta última, por su parte, es interpretada todavía con convicción por Streep, quien además comparte un par de escenas con el Stuart de Branagh que logran humanizarla un poco. Emily Blunt destaca como la todavía ácida Emily; Stanley Tucci es carisma puro como Nigel; la Amari Simone Ashley es una contraparte interesante para Andy, y Patrick Brammall está desperdiciado como Peter, quien forma parte de una subtrama romántica totalmente innecesaria con Andy.

“El diablo viste a la moda 2” es el tipo de “secuela de legado” que se contenta con repetir aquello que funcionó años atrás, en vez de innovar o por lo menos permitirles a sus protagonistas crecer o madurar. Es la clase de narrativa que entretiene y está llena de cameos interesantes del mundo de la moda y la música, y que se digiere sin problemas, desarrollando temas sobre el arte, el comercio, el periodismo, el “contenido” (ARGH) y la IA (AAARRGGHHH) sin mucha profundidad. La dirección de fotografía de Florian Ballhaus es limpia y poco vistosa, y tanto Nueva York como Milán pudieron estar mejor aprovechados como locaciones. Pero “El diablo viste a la moda 2” igual está bien; me quedo con la primera, pero esta segunda parte funciona como una divertida pero innecesaria coda.

Crítica de Sebastián Zavala Kahn

Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

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