Crítica «La voz del amor»Un filme de calidad cuestionable, lleno de decisiones creativas inexplicables.

Sebastián Zavala Kahn
Sebastián Zavala Kahn

Crítico de cine

Una película biográfica basada en la vida de Céline Dion tenía harto potencial —después de todo, se trata de una de las cantantes más reconocidas y talentosas de las últimas décadas. Pero desgraciadamente, la nueva película de Valérie Lemercier no hace más que desperdiciar lo que supuestamente prometía. “La voz del amor” es uno de los filmes dramáticos más decepcionantes que haya visto en un buen tiempo —una historia que intenta mezclar la comedia con el drama, pero que no logra desarrollar bien ninguno de los dos aspectos de la narrativa. Súmenle a eso un par de decisiones creativas francamente inexplicables, y “La voz del amor” se convierte rápidamente en una experiencia tediosa, previsible, y hasta desesperante.

Vale la pena mencionar, antes que nada, que “La voz del amor” fue realizada sin la total aprobación de Dion. Por ende, los nombres de todos los personajes han sido cambiados, y muchos de los detalles de su vida han sido modificados. Es así que terminamos con Aline Dieu (Lemercier) como protagonista, una chica quebequense que, desde temprana edad, demostró tener un inmenso talento musical, haciendo uso de su increíble voz primero en eventos familiares y locales, y luego en la televisión. Es así que “La voz del amor” nos cuenta la historia de Dion—digo, de Dieu, desde su infancia hasta su cuarta década de vida, enfocándose más en su relación amorosa con su manager, Guy-Claude Kamar (Sylvain Marcel), que en su proceso creativo o su relación con el mundo del espectáculo.

Las “banderas rojas” comienzan casi inmediatamente; es durante los primeros diez minutos de “La voz del amor”, que somos testigos de una de las decisiones más confusas y desconcertantes que jamás haya visto en una producción supuestamente seria y profesional. Como se mencionó líneas arriba, uno sigue la historia de Dieu desde que tenía doce años (en realidad también la vemos cuando tenía seis, pero se trata de una sección muy breve de la película), lo cual, uno asumiría, querría decir que Lemercier y compañía contrataron a diferentes actrices para interpretar al personaje en las diferentes etapas de su vida. Después de todo, la directora y protagonista tenía entre 56 y 57 años a la hora de grabar la película, por lo que sería extremadamente inadecuado que interprete a Dieu durante su infancia y adolescencia, ¿no?

¿NO?

Pues no. Por alguna razón, Lemercier decidió interpretar a Dieu durante toda la película, lo cual quiere decir que vemos su rostro —de mujer cincuentera— sobrepuesto en el de una niña de 6 años (al menos de lejos) y en el de una de 12, y luego, a la misma actriz tratando de interpretar a un personaje primero adolescente, y luego veinteañero y hasta treintañero. Decir que se trata de una decisión francamente estúpida no es una exageración —de hecho, resulta en momentos francamente de TERROR, en donde Lemercier intenta actuar de manera “infantil”, pero no hace más que otorgarle una personalidad bien de “El Chavo del Ocho” al personaje. Verla encogida (para que parezca más pequeña) o con un rostro flotante en el cuerpo de una niña, no hace más que insertar al personaje en el tan temido “uncanny valley”. Se supone que “La voz del amor” es un drama relativamente realista, pero gracias a esto, por momentos, parece mas un thriller sobrenatural.

O al menos, parte de una secuencia eliminada de alguna de las películas de “El Hobbit”.

Fuera de esta decisión, inexplicable e involuntariamente graciosa e imposible de procesar, “La voz del amor” termina siendo un “bio-pic” increíblemente plano, que no hace absolutamente nada por traer algo nuevo a la mesa. De hecho, “La voz del amor” comete el principal pecado que cualquier película biográfica debería tratar de evitar: trata de contar años y años de historia en tan solo dos horas, lo cual resulta en un ritmo exageradamente rápido, en el que las cosas simplemente suceden, y las escenas comienzan y acaban sin ritmo y sin razón, porque hay que pasar a lo siguiente lo más pronto posible.

Ciertamente no ayuda que Lemercier y su coguionista, Brigitte Buc, no parecen haber encontrado una línea narrativa o un conflicto central, como para otorgarle una estructura clara a la película. En vez de contar con una trama sólida, enfocada en su protagonista y en sus conflictos (ya sean internos o externos), “La voz del amor” se siente como una serie de eventos prácticamente inconexos, en donde Dion—aj, ¡DIEU!, no la pasa taaaan mal, dentro de todo. Y cuando el guion intenta incluir algún problema realmente importante para su protagonista —por ejemplo, la manera en que tiene que balancear su vida personal con su carrera—, lo hace de manera tan superficial y estereotípica, que resulta imposible entablar una conexión con el espectador. Es muy poco, y muy tarde.

Adicionalmente, sé que la película incluye un “romance” entre Dieu y su manager porque eso fue, precisamente, lo que hizo Dion en la vida real. El problema es que resulta prácticamente imposible olvidar que Kamar trabajó con Dieu desde que tenía doce años… porque la película te lo muestra (el hecho de que la Dieu de doce años tenga el rostro de una mujer de más de cincuenta, no hace más que agregar un aspecto perturbador adicional al tono de película de terror). Lemercier muy bien pudo haber desarrollado algún comentario sobre el “grooming” de parte de un hombre con poder hacia una menor de edad, o al menos presentado la relación con más matices, dando a entender que, psicológicamente hablando, había algo que estaba mal, ahí. Pero no… lo que hace es presentarla de manera “romántica”, tratando la diferencia de edad como una mera curiosidad, o como algo “gracioso” con lo que debe combatir la madre de Dieu (Danielle Fichaud).

Ugh.

Nuevamente: “La voz del amor” tenía el potencial de ser un drama biográfico potente, lleno de canciones memorables, centrado en el trabajo de una artista notable y talentosa. Pero no. Lo que tenemos acá es un filme de calidad cuestionable (siendo amables), lleno de decisiones creativas inexplicables, que está tan apurado por contar tantas cosas en un tiempo limitado, que nunca llega a ahondar en su personaje principal. Es en serio; me pasé dos horas viendo a la Dieu de Lemercier, y no tengo idea de qué tipo de personalidad tiene. Súmenle a eso las pocas canciones famosas que se incluyen de la artista real (al menos suena “My Heart Will Go On” —sí, la canción de “Titanic”— una par de veces), y las actuaciones francamente caricaturescas, y el tono irregular, y el ritmo desigual… y “La voz del amor” se torna en una experiencia tediosa y confusa y casi imposible de justificar. Céline Dion merecía algo mejor… y sus fanáticas y fanáticos también.

Crítica de Sebastián Zavala Kahn

Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, y la OFCS – Online Film Critics Society, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja el blog de cine Proyectando Ideas desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

Web: www.sebastianzavala.com
Twitter: @sebastianzavala

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