CRÍTICA – Thor: Amor y Trueno, humor absurdo y dioses por doquier

Sebastián Zavala Kahn
Sebastián Zavala Kahn

Crítico de cine

Si no les gustó “Thor Ragnarok”, lo más probable es que les pase lo mismo con “Thor: Amor y Trueno”, la cuarta entrega de la saga, y la segunda película de esta franquicia escrita y dirigida por Taika Waititi (“Jojo Rabbit”). Si la segunda secuela favorecía el humor por sobre el drama, incluyendo algo de acción cósmica, esta cuarta entrega lo duplica todo: especialmente la comedia casi paródica de Waititi, que hace que sea casi imposible tomarse la película en serio (al menos por momentos). Evidentemente esto hace que la experiencia en general sea muy divertida… pero también que el conflicto central no sea ni tan potente ni tan emotivo como muy bien hubiera podido ser.

Luego de un prólogo en el que vemos los orígenes de Gorr el Carnicero de los Dioses (Christian Bale), regresamos a donde nuestro protagonista de siempre, Thor (Chris Hemsworth). Esta vez, está surcando la galaxia en busca de aventuras junto a, apropiadamente, los Guardianes de la Galaxia (Chris Pratt, Dave Bautista, Karen Gillan, Pom Klementieff, Sean Gunn, y las voces de Bradley Cooper y Vin Diesel). No obstante, Thor se separa de aquellos personajes (a quienes igual veremos pronto en el tercer volumen de “Guardianes de la Galaxia”) para perseguir a Gorr, quien ya ha comenzado a matar a varios dioses… y parece estar dirigiéndose ahora a Nuevo Asgard.

Es así que Thor se reúne con el Rey Valquiria (Tessa Thompson), y para su sorpresa, con su ex, Jane Foster (Natalie Portman), quien ha sido llamada por Mjolnir, y ahora cuenta con los poderes de la Poderosa Thor. Juntos, terminarán visitando lugares como el Reinado de los Dioses, así como otros planetas, para encontrar la manera de detener a Gorr. Sin embargo, Jane tiene un secreto, y Thor, luego de años de sentirse perdido y sin rumbo, comenzará a tener fuerte sentimientos hacia su ex por segunda vez.

Ahora bien, lo que Waititi intenta hacer con “Thor: Amor y Trueno” es mezclar toda suerte de tonos y estilos, siempre favoreciendo la comedia, pero haciendo uso de otros recursos para darle variedad a la experiencia. Es así que terminamos con escenas de humor casi paródico, mezcladas con momentos inspirados en el terror (siempre protagonizados por el Gorr de Bale), y una que otra secuencia supuestamente emotiva. Si esto funcionó para la mayoría de fanáticos en la película anterior, me animaría a decir que Waititi no logra hacer lo mismo con “Thor: Amor y Trueno”. Y a diferencia de otros casos, no se debe a intervenciones innecesarias por parte del estudio o sus ejecutivos; “Thor: Amor y Trueno” es una película de Taika Waititi al 100%, para bien Y para mal.

Consideren, si no, el que la película sea de las más cortas que haya sacado el MCU hasta el momento (menos de dos horas), y que sin embargo, mucha de su duración sea ocupada por gags irreverentes y chistes exagerados. Estos funcionan en el momento, sí, pero también le restan escenas de caracterización y evolución de personajes a la película, obligando a Waititi a desarrollar varias secuencias importantes fuera de pantalla. Se me hizo bastante absurdo que nunca veamos en pantalla el momento en el que Jane obtiene su poderes, por ejemplo, o que muchos de los crímenes de Gorr tampoco sean mostrados. De hecho, a pesar de que Bale hace un excelente trabajo como el villano de turno, no puedo evitar sentir que habría podido salir incluso más.

Lo cual es una pena, porque el experimentado actor galés hace de todo para convertir al Carnicero de los Dioses en alguien verdaderamente perturbador —un ser sediento de venganza, que está siendo corrompido poco a poco por un poder inimaginable, y que por ende, luce como una versión asquerosa de La Muerte. Algo similar se puede decir sobre Natalia Portman. Me encantó ver de vuelta a Jane, esta vez en capacidad de superheroína, pero mucha de su historia de trasfondo —trágica, triste— es desarrollada de manera acelerada, lo cual hace que muchas de sus conversaciones con Thor no tengan la potencia que muy bien habrían podido tener. Portman está excelente —se nota que se está divirtiendo muchísimo interpretando a la Poderosa Thor—, pero su regreso podría haber sido mejor manejado.

Ahora, no quiero sonar demasiado negativo; después de todo, no es que “Thor: Amor y Trueno” sea una película terrible. Chris Hemsworth la pasa muy bien como Thor, transmitiendo su arco de personaje de manera clara y concisa, y aprovechando muchos de los momentos más divertidos que logra protagonizar. Y aunque no todos los personajes secundarios tienen mucho qué hacer, igual logran destacar gracias a sus personalidades tan marcadas. Tessa Thompson es suficientemente poderosa como el Rey Valquiria; el mismísimo Waititi es hilarante como Korg; la Sif de Jaimie Alexander aparece poco (pero al menos está); y Russell Crowe da una actuación deliciosamente caricaturesca como Zeus (con acento ridículo y todo).

Por otro lado, al igual que en “Thor Ragnarok”, la banda sonora es de primer nivel, haciendo un buen uso de canciones de rock clásico para otorgarle un tono muy específico a las secuencias de acción. Estas últimas, sin embargo, son de calidad variada. Algunas funcionan bastante bien a nivel visceral —especialmente aquellas que involucran tanto a los Thor como a Gorr—, pero otras dependen demasiado de efectos visuales digitales oscuros y poco definidos. Específicamente, las criaturas de las sombras que Gorr invoca no hacen más que desdibujar muchas de las escenas de acción, haciendo que se vean como una melcocha inentendible de extremidades digitales, sombras y cámaras que se mueven mucho. Mucho se quejan en redes sociales de que las películas de Marvel Studios abusan del CGI, y aunque no me animaría a llegar a esa conclusión, sí debo admitir que me hubiese gustado que las escenas de acción en “Thor: Amor y Trueno” sean, aunque sea, más comprensibles.

Al final del día, la percepción que cada uno tenga de “Thor: Amor y Trueno” dependerá de lo que estén esperando de la película. Si querían ver algo un poco más serio, con un conflicto grave y peligros terribles, obtendrán solo un poco de eso —más que nada, a través de los personajes de Gorr y Jane. Pero si la pasaron bien con “Thor Ragnarok” y lo que quieren es disfrutar de una aventura colorida, absurda y llena de gags exagerados, entonces “Thor: Amor y Trueno” no los decepcionará. La película ciertamente resulta divertida, e incluye varios momentos originales que solo podrían haber sido concebidos por Waititi, pero a la vez, nunca llega a sentirse particularmente épica o de gran escala (curioso, considerando que se trata de una historia sobre dioses y asesinos de dioses). “Thor: Amor y Trueno” nos muestra un poco de todo en menos de dos horas, pues, y aunque no es un fracaso —para nada—, tampoco es el éxito rotundo que muchos estaban esperando.

NOTA: La película, como se deben imaginar, incluye dos escenas post-créditos. Y para mi sorpresa, ambas son importantes para el futuro del MCU.

Crítica de Sebastián Zavala Kahn

Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, y la OFCS – Online Film Critics Society, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja el blog de cine Proyectando Ideas desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

Web: www.sebastianzavala.com
Twitter: @sebastianzavala