Considerando lo excelentes que han sido las películas previas del director-guionista Zach Gregger, tenía sentido tener altas expectativas para su más reciente producción, una nueva adaptación de la franquicia de videojuegos de Capcom, “Resident Evil”. Pero en vez de regresar al mundo inspirado por “Matrix” y “Mad Max” de Alice (Milla Jovovich) o de desarrollar una secuela de la divisiva “Resident Evil: bienvenidos a Raccoon City”, de Johannes Roberts (que pretendió llevar la trama de los dos primeros juegos al cine), Cregger ha hecho algo distinto. En vez de intentar copiar las narrativas principales de la saga o de incluir a los personajes clásicos, lo que nos entrega es una cinta que nos hace sentir como parte del mundo de los videojuegos.
Y el resultado es, para sorpresa de pocos, la mejor película de “Resident Evil” hasta ahora.
Así que, por si no lo sabían ya, por más que “Resident Evil: noche cero” se desarrolle durante la epidemia del T-Virus en Raccoon City, acá no encontrarán ni a Jill Valentine ni a Claire Redfield ni al ídolo de masas Leon S. Kennedy. De hecho, se puede argumentar que la película se centra en un personaje distinto justamente porque busca alejarnos de aquellas figuras, estableciendo los eventos del guion en paralelo a lo que están haciendo los protagonistas de los juegos. Puede que Leon y los demás estén haciendo sus cosas en Raccoon City y sus alrededores al mismo tiempo que lo que vemos acá, pero “Resident Evil: noche cero” está más interesada en seguir al repartidor Bryan (Austin Abrams, de “La noche de la desaparición”).

Al comenzar la película, vemos a dicho chico dejando un órgano para un trasplante en un hospital, para luego recibir un nuevo encargo: llevar un misterioso bolso a Raccoon City que, él asume, también debe contener un corazón o un cerebro o algo así. Lamentablemente, los alrededores de la ciudad están cubiertos de nieve y, manejando de noche, Bryan choca con una mujer que se le cruza por en medio de la pista. Asustado, el chico se baja y rápidamente se da cuenta de que está frente a una infectada que al parecer es incapaz de morir.
Es así como comienza la peor noche de la vida de Bryan. Escapando de la mujer, el repartidor termina en una granja abandonada, donde es atacado por un perro infectado (¡siempre debe haber un perro!), pero donde también encuentra una escopeta y balas. Y eventualmente escapa, dirigiéndose todavía a la ciudad para dejar el paquete. En el camino, se encuentra con toda suerte de criaturas mutantes asquerosas; termina en las alcantarillas de la ciudad; y se cruza con Paul (Paul Walter Hauser), un trabajador de la Corporación Umbrella, responsable del brote del virus y la creación de los mutantes, y una policía llamada Maxine (Kali Reis). Y fuera de su misión, Bryan carga con la culpa de haberse peleado con su novia Michelle (la voz de Sarah Paxton, esposa en la vida real de Cregger), quien le acaba de revelar que está embarazada.
Lo mejor que cualquier fanático de la saga puede hacer es percibir “Resident Evil: noche cero” como una historia alterna, que se desarrolla al mismo tiempo que los eventos de los primeros dos juegos, y que nos obliga a seguir al equivalente de un NPC (Personaje No Jugable). De esa forma, Cregger logra mostrar un lado distinto de la caída de Raccoon City, desde los ojos de una persona común y corriente que no es ni un genio ni un estúpido; que tiene buenas intenciones y que simplemente quiere hacer lo correcto para regresar a casa y amistarse con su novia. Tener a un protagonista que no es ni una máquina de frases lapidarias (como Leon) ni una policía súper eficiente (como Jill) es refrescante; de hecho, Bryan, hasta cierto punto, me recordó un poco a Ethan Winters (de “Resident Evil 8: Biohazard”) e incluso a Grace Ashcroft (de “Resident Evil: Requiem”).

De esa forma, Cregger logra presentarnos una narrativa verdaderamente escalofriante. “Resident Evil: noche cero” es una experiencia cinematográfica de survival horror al cien por ciento, en la que acompañamos a Bryan mientras trata de sobrevivir a la noche y a todo tipo de horrores. Como protagonista, el chico es vulnerable pero valiente; muy malo con las armas (lo cual es apropiado, considerando su caracterización), pero siempre dispuesto a ayudar. Pero lo más importante: de forma inesperada y a través de él, Cregger ha encontrado la fórmula para adaptar el tono y el estilo de gameplay de un videojuego al cine, sin que el espectador tenga ganas de agarrar un control.
Me explico. Visualmente, el filme incluye planos de seguimiento de Bryan por detrás y por sobre el hombro, que ayudan a que el espectador sienta que lo está acompañando en las situaciones de tensión, y que, de paso, le harán recordar a los gamers el ángulo de cámara revolucionario introducido por primera vez en “Resident Evil 4” (la versión original). Pero también combina esas imágenes con el ocasional plano de perspectiva en primera persona, lo cual hace que uno, nuevamente, se ponga en los zapatos de Bryan, pero también es una referencia a los juegos que introdujeron aquella perspectiva de cámara en la franquicia (el séptimo y el octavo). Bryan es el representante del jugador en el mundo de “Resident Evil”; es un tipo ordinario en situaciones extraordinarias que tiene que adaptarse o morir.

Por ende, resulta imposible declarar que “Resident Evil: noche cero” no tiene nada que ver con la franquicia principal. Para variar, el principal antagonista termina siendo Umbrella (primero representado por Paul y luego por un grupo de científicos particularmente ineptos), por más que solo mencionen a la corporación una vez y nunca veamos el famoso logo con forma de sombrilla. Y varias secuencias incluyen cameos no de personajes clásicos (lo siento), sino más bien de elementos reconocibles de los juegos: las famosas hierbas que recuperan vida; las balas de escopeta de “Resident Evil 4”; una máquina de escribir. Y también hay situaciones directamente extraídas de las historias de los juegos (como cuando Bryan atropella a la mujer), o más ligadas al gameplay de los mismos (como encontrar armas y de ahí tener que buscar balas en todas partes, o tener que dispararles a los candados que no dejan que el jugador avance).
Por si no había quedado claro, se nota a leguas que Cregger es alguien que ha jugado los juegos incontables veces, y que en vez de replicar lo que ya existe en los mismos, ha decidido reinterpretar elementos narrativos y de gameplay de tal manera que tengan sentido y generen tensión acá. Porque fuera de los vínculos con los juegos, “Resident Evil: noche cero” es una cinta increíblemente tensa, tanto así que me dejó un poco sacudido (cosa que no pasa con frecuencia). Cregger es un maestro del jump scare (hay un par que realmente no me esperaba), pero también logra desarrollar situaciones de peligro que dejan enervado al espectador, quien, debido a la vulnerabilidad de Bryan, sabe que el personaje podría morir o por lo menos resultar herido en cualquier momento.
Ahora, “Resident Evil: noche cero” no funcionaría si no contara con una excelente actuación central, pero felizmente ese no es el caso. Austin Abrams está muy bien como Bryan, interpretándolo como un chico común y corriente que debe improvisar y simplemente tratar de sobrevivir, haciendo todo lo posible por deshacerse de cualquier mutante que se le cruce en el camino (y se le cruzan varios en el camino). Entre sus grititos graciosos, reacciones verosímiles y lenguaje corporal, Abrams logra convertir a Bryan en alguien con el que no cuesta para nada empatizar. Y aunque el reparto secundario es limitado (porque son pocos y porque la película le pertenece a Abrams), destacan Paul Walter Hauser como la representación máxima de la ineptitud de Umbrella y Zach Cherry como el científico Carl.

Por otro lado, he leído en ciertos lugares que a ciertos espectadores les fastidia que “Resident Evil: noche cero” incluya un poco de comedia. Y aunque entiendo por qué, creo que Cregger logra manejar un muy buen balance entre la tensión y los momentos de ligereza. De hecho, el director-guionista ya ha dicho en entrevistas que el corte original de la película tenía muchos más chistes y que se deshizo de la mayoría luego de las proyecciones de prueba. La única escena que me parece un poco muy absurda es la de Paul y Bryan dentro de un carro, en la que el segundo intenta cargar una nueva arma frente al primero. Fuera de eso, creo que los momentos graciosos funcionan muy bien para desarrollar a Bryan como protagonista o incluso como referencias a los juegos (como cuando, luego de chocar una camioneta con una reja, Bryan encuentra la llave de la misma en el visor del vehículo).
“Resident Evil: noche cero” es la primera gran adaptación de un videojuego al cine. Utilizando el contexto en el que se llevan a cabo los dos primeros videojuegos y situando ahí a un personaje totalmente nuevo que, bajo la supervisión de otro director, sería un secundario, lo que hace Cregger es desarrollar momentos de tensión inaguantable y utilizar el gore como pocas otras películas recientes de similar corte. Sí, el desenlace es algo desesperanzador (entiendo por qué a algunos espectadores no les ha gustado, pero para este crítico, se siente inevitable y apropiado) y sí, no todos disfrutarán de los momentos de humor. Pero en general, “Resident Evil: noche cero” funciona como una experiencia de suspenso constante, obstáculos cada vez más complejos y sangre por montones. Tomó bastante tiempo, pero por fin tenemos una película merecedora del nombre “Resident Evil”.
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

