A estas alturas del partido, no tiene sentido esperar nada particularmente novedoso de una nueva película de Jason Statham. Puede que al inicio haya aparecido en películas de corte más cómico (o de comedia negra) como “Snatch”, de Guy Ritchie, o que en ciertas épocas se haya animado a burlarse un poco de su imagen, como en “Spy”, junto a Melissa McCarthy. ¿Pero hoy en día? Statham estrena una o dos películas al año en las que siempre hace lo mismo: sacarle la mugre a medio mundo, generalmente en busca de venganza, o para rescatar a alguien.
¿Y saben qué? No me quejo. Lo que Statham hace, lo hace bien. Siempre es un expolicía o exsoldado o exagente de Fuerzas Especiales, y siempre es súper eficiente, y siempre es capaz de matar a decenas de personas sin sudar demasiado. A veces es acompañado por una niña o niño; otras veces por una chica (jamás con intenciones románticas o sexuales), y en contadas ocasiones, por un equipo. El punto es que ver una nueva película de Statham es como comer comida rápida; sabemos que no es particularmente nutritiva, sabemos que siempre va a tener el mismo sabor, pero a la vez, sabe rico. Siempre y cuando se consuma de vez en cuando y no todo el tiempo, claro está.

En esta ocasión, Statham interpreta a Cole Reed, un expolicía (ja) británico ahora convertido en el guardaespaldas y amigo del millonario Tibu Campallo (Ramon Tikaram), quien está a punto de vender su empresa, motivado por su hijo, Kameron (Chaneil Kular). El trío vive y trabaja en Bangkok y se dedica al transporte marítimo. Pero al salir de un evento de celebración en el que tanto Cole como Tibu son homenajeados, el empleador y el guardaespaldas son emboscados, y el segundo es asesinado, con el primero siendo culpado por el crimen.
Evidentemente, Cole no se queda de brazos cruzados, por lo que, siguiendo las pistas que le dejan los cadáveres de los asesinos de Tibu, termina en un barco de carga propiedad de su jefe. Pero aparte de los potenciales homicidas de Tibu, es ahí donde Cole se encuentra con más problemas. Para comenzar, descubre un contenedor lleno de gente que claramente está siendo traficada, y luego se alía con Angie Ellis (Annabelle Wallis), la tercera oficial que nada tiene que ver con el negocio turbio en el que está involucrado el capitán del navío, Marko Madsen (Roland Moller). Juntos, el dúo tiene que encontrar la forma de salvar a los migrantes maltratados, mientras evitan ser capturados por Madsen y su gente.
Me animaría a decir que la narrativa en “Código: Venganza” es más compleja que la de la película de Statham promedio, pero si bien es cierto que hay más subtramas y giros (no tan) inesperados, el tema central sigue siendo previsible: la venganza. (Lo cual puede sonar obvio, considerando el nombre del filme, pero tomen en cuenta que el título original en inglés es “Mutiny”, o “Motín”). Todo lo que Cole quiere hacer es vengar a su jefe/mejor amigo, y en el camino, de paso, logra salvar a todo un grupo de personas, así como a una tercera oficial que simplemente quiere regresar a Los Ángeles a ver a su hija. Las motivaciones del protagonista son tanto personales como altruistas, lo cual ayuda a que uno empatice con él inmediatamente.

¿Pero qué hay de la acción? “Código: Venganza” se desarrolla como un thriller en el que no hay peleas cada cinco minutos, sino que más bien mezcla secuencias de trifulca con persecuciones, interacciones suficientemente interesantes entre personajes y hasta personajes terciarios (como los Marines que detectan una señal de ayuda enviada por Angie) que terminan cumpliendo un rol importante en la historia. El nivel de tensión es palpable, especialmente porque sospechamos que los personajes fuera del de Statham sí podrían morir; de hecho, a Angie le disparan en el hombro poco tiempo después de que es presentada (aunque, como suele pasar en estas cintas, dicha herida termina siendo poco relevante posteriormente, y al parecer, hasta poco dolorosa).
Cuando “Código: Venganza” decide incluir peleas y tiroteos, eso sí, la película puede llegar a ser bastante violenta. Los encuentros están bien coreografiados y grabados, dirigidos con aplomo por Jean-François Richet, quien mezcla cámaras a mano (no tan) nerviosas con planos más estables para generar suspenso, así como una palpable sensación de claustrofobia (varias de las peleas se llevan a cabo en pasillos, escaleras y demás espacios reducidos). Statham, como siempre, hace la mayoría de sus piruetas, y termina ejecutando a varios extras (y uno que otro personaje con diálogo) de forma sanguinaria; solo consideren que termina usando no solo pistolas, sino también cuchillos, hachas y hasta garfios (¡!).
Las actuaciones son todas buenas, y agradezco que al menos parezca que la mayoría de la película ha sido grabada en locaciones reales (incluyendo un barco real), en vez de abusar de sets y pantallas Chroma. La narrativa concluye de forma satisfactoria, y las interacciones entre el Cole de Statham y la Angie de Wallis, aunque básicas, logran diferenciar a “Código: Venganza” de otras películas protagonizadas por el héroe de acción británico. ¿Qué es lo que tenemos acá, entonces? Sangre, peleas, violencia, una que otra frase lapidaria, y villanos que terminan recibiendo su merecido. Es decir, y como se había mencionado ya: todo lo que deberíamos esperar de una nueva película de Jason Statham. ¿Para qué más?
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

