“La Máscara del Zorro” (1998, Martin Campbell) es una de esas películas que estoy casi seguro vi en el cine cuando era niño, pero que de todas maneras disfruté una y otra vez cuando la pasaban en Cable. Por ende, tengo muy buenos recuerdos de la misma –de imágenes o escenas clásicas, de ciertos diálogos, y por supuesto, de las secuencias de acción y aventura. Sin embargo, hace tiempo que no la veía –por alguna razón, nunca la compré ni en DVD ni en Blu-ray, razón por la que, por fin, me animé a adquirir la edición de aniversario en UHD el año pasado.
Y qué bien que lo hice.
Porque “La Máscara del Zorro” es de las cintas de aventuras más memorables que haya visto en un buen tiempo. Es un retroceso (en el buen sentido) a los filmes de aventuras y espadachines de hace varias décadas, que hace un buen uso de la clásica historia de maestros y aprendices para desarrollar una narrativa emotiva que mucho nos dice sobre la venganza y la justicia. “La Máscara del Zorro” es diversión pura –a veces un poco muy larga y a veces hasta ligeramente básica, pero en general, muy bien realizada. Nada menos esperaba de Campbell, quien se ha encargado de dirigir algunas de mis películas favoritas de acción y aventuras (incluyendo dos de las mejores entregas de la saga “Bond”, “GoldenEye” y “Casino Royale”).

“La Máscara del Zorro” comienza en la California de 1821 y nos muestra al legendario bandido Zorro (Anthony Hopkins) intentando acabar con Don Rafael Montero (Stuart Wilson), el último gobernador español de la zona. Lamentablemente, las cosas salen mal, y este último termina asesinando a la esposa de nuestro protagonista, cuyo alter ego civil es el de Don Diego de la Vega. Y lo que es peor: mientras que Diego es llevado a la cárcel, Montero escapa a España, llevándose a la bebé de los De La Vega, Elena, para criarla como su propia hija.
Veinte años después, nos encontramos con Alejandro Murrieta (Antonio Banderas), un popular ladrón de caballos quien, junto a su hermano, Joaquín (Victor Rivers), se había encontrado con Zorro cuando era pequeño. Ahora, sin embargo, pasa por tiempos difíciles: Joaquín ha sido asesinado por el nefasto Capitán Harrison Love (Matt Letscher), por lo que Alejandro se dedica ahora únicamente a la bebida. Felizmente, las cosas cambian cuando es rescatado por un Diego recién escapado de la cárcel, quien decide convertirlo en su aprendiz y, por ende, en el nuevo Zorro, para que pueda vengarse de Love. Pero cuando Montero regresa de Europa junto a su “hija” ya crecida, Elena (Catherine Zeta Jones), las cosas se tornan más personales tanto para Alejandro como para Diego.
Narrativamente hablando, “La Máscara del Zorro” se desarrolla de forma sencilla pero satisfactoria. El contraste entre el viejo Zorro y el nuevo es interesante, por ejemplo. Ambos tienen motivaciones personales para hacer lo que hacen; Diego quiere reencontrarse con su hija, y Alejandro quiere vengarse de Love. Sin embargo, mientras que el segundo es cegado por el odio, el primero logra mantener lo personal de lo profesional bien separado, convenciendo a su nuevo pupilo de que debe convertirse en el Zorro, también, para acabar con los nefastos planes españolistas de Montero.

Es así, pues, que la película se va convirtiendo, poco a poco y claramente, en una obra antiimperialista y anticolonialista, lo cual es refrescante de ver en un blockbuster millonario y popular. “La Máscara del Zorro” no se mantiene nuestra; claramente está del lado de la gente y de quienes quieren autogobernarse luego de años de autocracias crueles, mostrando, incluso, que Montero hace uso de la esclavitud (en una mina de oro –es relevante para la trama pero no vital para entender el filme en sí) para cumplir con sus objetivos. Zorro, por ende, es un héroe de la gente –aclamado por los más pobres, y totalmente en desacuerdo con lo que la gente de poder (especialmente los Dones) hacen para mantenerse con poder.
Como se imaginarán, no es el tipo de filme que disfrutaría un españolista contemporáneo (ugh), pero mejor que así sea. Porque, aunque a nivel temático, “La Máscara del Zorro” es sorprendentemente progresista, igual se mantiene firme en sus convicciones noventeras en otros aspectos. El más relevante de estos es, claramente, el del cásting. Puede que muchos de los personajes secundarios sean interpretados, efectivamente, por actores mexicanos o latinos de Estados Unidos, pero sí resulta gracioso que Alejandro (un mexicano) sea interpretado por un español; que Diego y Elena sean interpretados por artistas galeses, y que el español Montero sea interpretado por un estadounidense. Hoy en día, nada de esto pasaría, pero curiosamente, no se sienten como decisiones creativas maliciosas, sino más bien ignorantes, de intenciones, digamos, no tan malas.

En todo caso, por más que no sean ni históricamente ni culturalmente precisos, el reparto ayuda mucho a que “La Máscara del Zorro” funcione. Antonio Banderas está muy bien tanto como el Zorro (valiente, gracioso, ágil) como al interpretar a Alejandro (encantador, sensual, un gran bailarín). Es el protagonista perfecto para una cinta de este tipo, exhibiendo toneladas de carisma, incluso cuando comienza la historia como un vil ladrón. Por su parte, Anthony Hopkins es incapaz, como siempre, de dar una mala actuación, por lo que convierte a Diego en una figura imponente, sabia y, por supuesto, muy hábil con la espada.
Del reparto secundario, destacan varias figuras importantes. Catherine Zeta-Jones brilla como Elena –quizás su personaje es más un arquetipo que un ser humano tridimensional, pero igual logra otorgarle algo de humanidad (aunque, volviendo al tema de elementos que no se podría incluir hoy en día, la escena en que Alejandro la desviste con la espada luego de tratar de besarla a la fuerza un par de veces es… bueno, cuestionable). El Montero de Stuart Wilson es un villano que da gusto odiar, al igual que el Capitán Love de Matt Letscher, y el recordado Pedro Armendáriz Jr. (¡uno de los pocos actores mexicanos con diálogo!) aparece como uno de los Dones que se alía con Montero.
Ahora bien, fuera de lo narrativo o de lo vinculado a personajes, “La Máscara del Zorro” funciona, principalmente, como película de aventuras, y eso en gran parte a la dirección de Campbell. Priorizando efectos prácticos, sets enormes (como el del pueblo, o especialmente el de la mina) y un excelente diseño de vestuario, Campbell y su equipo logran hacer que la película se sienta realista, tangible, pero a la vez, como parte de una fantasía idealista. Es un balance interesante que no todo filme de este tipo logra alcanzar: es lo suficientemente verosímil como para que la acción se sienta tensa y el drama funcione, pero a la vez, lo suficientemente fantasioso como para que uno entienda que está teniendo una experiencia light y entretenida.

Además, Campbell dirige la acción con empeño, escenificando la mayoría de sus secuencias de persecución y peleas de espadas en locaciones interesantes: el interior de una cueva o el de una hacienda, en la mina, en exteriores reales y visualmente impactantes. Las trifulcas en sí, además, están expertamente coreografiadas, y hacen un buen uso de dobles (para los movimientos más extremos o peligrosos), pero también de los actores reales, quienes evidentemente lograron aprender a pelear con espadas en la vida real. Es todo muy divertido, y nunca se siente demasiado sintético o inverosímil.
“La Máscara del Zorro” es el tipo de película que ya no se hace con mucha frecuencia hoy en día: una aventura de época, centrada en secuencias de acción creadas con efectos prácticos (explosiones, caballos reales, dobles de acción) en locaciones que existen en la vida real. Todo esto le permite a la cinta obtener cierto grado de cercanía al que de otra forma ni se acercaría, y que logra compensar la mayor parte de sus deficiencias (más que nada, elementos que no han envejecido bien, y por supuesto, el cásting que de fidedigno no tiene nada). “La Máscara del Zorro” es un producto de su época, sí, pero igual uno que se puede disfrutar en el año 2026 sin demasiados problemas.
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

