Crítica «El silencio de los Inocentes» Un thriller de suspenso brillante, que entrega actuaciones centrales verdaderamente increíbles.

Sebastián Zavala Kahn
Sebastián Zavala Kahn

Crítico de cine

Entiendo perfectamente que no todo el mundo encuentre el mismo valor en ir al cine a ver una película clásica como “El silencio de los inocentes”, de Jonathan Demme. Después de todo, se trata de un filme que está disponible en infinidad de plataformas de streaming, así como formatos físicos como DVD o Blu-Ray. Pero como siempre digo: hay algo innegablemente especial en ver una película en la pantalla grande, cómodo, comiendo canchita y disfrutando de una experiencia cinematográfica con más gente. Y es mejor, incluso, cuando se ve una película tan genial como “El silencio de los inocentes”.

No hay mucho que pueda decir sobre este filme que no se haya dicho antes, pero igual haré el intento. Lo que tenemos acá es un thriller excepcional, una cinta que nos pone en los zapatos —y en la mirada— de su protagonista como muy pocas otras producciones han logrado hacerlo, introduciéndonos en un mundo de asesinos y caníbales y los agentes del FBI que los persiguen y tratan de atraparlos. Es una película extremadamente atmosférica, que se siente como una experiencia noventera al 100%, y que hasta podría resultar —muy ligeramente— nostálgica para quienes estuvimos vivos en aquella época. Pero más importante: sin ser terror puro, es un filme perturbador y emocionante como él solo, que desgraciadamente cuenta con algunos elementos que podrían hacer que sienta más vieja de lo que realmente es.

La gran Jodie Foster interpreta a Clarice Starling, una estudiante en la academia del FBI que es llamada por un superior, Jack Crawford (Scott Glenn) para cumplir con una misión aparentemente sencilla: ir a una institución mental para hablar con el infame Hannibal Lecter (un icónico Anthony Hopkins), un ex psiquiatra que ha sido encerrado debido a sus tendencias canibalísticas y criminales. Es ahí que Clarice se entera de las verdaderas intensiones de sus superiores: convencer a Hannibal de ayudarla a atrapar a Buffallo Bill, un asesino de mujeres jóvenes que acaba de secuestrar a Catherine Martin (Brooke Smith), la hija de una senadora importante. Si Clarice no logra convencerlo de ayudarla, puede que no logren salvar la vida de la chica.

No Merchandising. Editorial Use Only Mandatory Credit: Photo by Everett Collection / Rex Features ( 411879fv ) ‘THE SILENCE OF THE LAMBS’ – Anthony Hopkins – 1991 VARIOUS

Como se deben haber dado cuenta, “El silencio de los inocentes” va en contra de las expectativas de un filme de este tipo, teniendo no a Hannibal de antagonista principal, si no más bien de personaje secundario que, hasta cierto punto, motiva a la protagonista a cumplir con su misión. Sí, es Crawford quien la manda a hablar con él, pero es Hannibal quien le da las diferentes pistas para poder descubrir la identidad de Buffallo Bill, y son, por supuesto, sus interacciones, las que se han convertido en momentos icónicos de la historia del cine. Puede que Hopkins aparezca por tan solo veinticinco minutos de metraje, pero no se puede negar que deja una gran impresión en el espectador.

Lo cual no quiere decir que las escenas que no incluyan al Caníbal no funcionen. Todo lo contrario —Clarice es una protagonista fascinante, una mujer en un mundo de hombres que intenta trabajar tranquila, sin tener que demostrar de manera explícita que es tan capaz como sus compañeros. La manera en que Demme nos mete en sus zapatos es brillante —cada vez que tiene una conversación con otro personaje, éste mira a la cámara, como si ella representara a los ojos de Clarice, mientras que ella, en el contraplano, mira ligeramente a un costado, para enfatizar únicamente su perspectiva. Es una técnica engañadoramente sencilla que sin embargo le permite al espectador empatizar con Clarice, sintiendo su vulnerabilidad pero también su fortaleza e inteligencia.

Consideren, si no, las diferentes formas en las que es observada a lo largo de la cinta. Sí, “El silencio de los inocentes” dice mucho a través de miradas, ya sean extras masculinos que miran a Clarice mientras camina por distintos lugares —una mujer constantemente observada y sexualizada, por más de que ella no haga absolutamente nada para atraer dichas miradas—, o policías que la miran de arriba hacia abajo, condescendientemente, o médicos que intentan invitarla a salir durante reuniones supuestamente profesionales. Hasta cierto punto, “El silencio de los inocentes” estaba adelantada a su época en cuanto a estas observaciones sobre el tratamiento de las mujeres en el día a día Y en los ambientes laborales, tanto así que estoy seguro que un público conservador seguramente se quejaría mucho de la película en redes sociales si es que se hubiera estrenado hoy en día. ¡Felizmente no existía Twitter en 1990!

Muy aparte del increíble trabajo de Jodie Foster —que convierte a Clarice en una protagonista muy humana y verosímil, siempre enfocada en el trabajo e intentando superarse— y Anthony Hopkins —quien logra trascender los clichés del género para transformar a Hannibal en un ícono del cine de suspenso—, “El silencio de los inocentes” también resalta gracias a lo tensa que puede ser. Como thriller, el filme funciona perfectamente bien, desarrollando momentos que los tendrán al borde del asiento —desde el primer encuentro entre Clarice y Hannibal en el hospital psiquiátrico, hasta la autopsia de la más reciente víctima de Buffallo Bill, y por supuesto, el clímax de la historia… el cual, por supuesto, no pienso revelar aquí. Por más de que la película tenga mi edad (¡!), hay que respetar a quienes, por alguna razón u otra, todavía no la hayan visto.

Sin embargo, hay que mencionar los elementos que no han envejecido tan bien en “El silencio de los inocentes”. Si bien es cierto que Hannibal menciona que Buffallo Bill no es un verdadero travesti (simplemente tiene un desorden mental que le hace creer que es uno), no se puede negar que tanto la caracterización del antagonista de la película, como sus acciones, no pueden haber ayudado en nada a la comunidad LGBT y su reputación en los 90s. Mientras que Clarice y hasta Hannibal (un caníbal y asesino) son presentados de manera tridimensional y creíble, el villano de “El silencio de los inocentes” es retratado de manera cuestionable, especialmente en los momentos en los que se le ve solo. Agradecí la inclusión de la simbología en relación a sus actos —la crisálida y la eventual polilla que representan la transformación, por ejemplo—, y nuevamente, el hecho de que mencionen que no es un verdadero travesti o trans, pero incluir a alguien que, aparentemente, quiere cambiar de sexo de manera tan violenta y sádica, ciertamente es problemático.

Como siempre digo, no obstante, una película es un producto de su época. Evidentemente, los elementos problemáticos ya mencionados de “El silencio de los inocentes” no funcionarían en una película contemporánea, pero esta no es una película contemporánea; es un filme de los 90s, por lo que no puede ser condenado bajo nuestros estándares contemporáneos. De hecho, debido a la caracterización de su protagonista y el énfasis que se le da a su perspectiva, hasta se podría decir que “El silencio de los inocentes” es progresista… para estándares de su época, claro está. E igual funciona brillantemente como thriller de suspenso, entregándonos actuaciones centrales verdaderamente increíbles, y desarrollando momentos de tensión prácticamente inaguantables. “El silencio de los inocentes” es una película que no me canso de ver… razón por la que me animé a disfrutarla en la pantalla grande. Nada de qué arrepentirme por acá.

Crítica de Sebastián Zavala Kahn

Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, y la OFCS – Online Film Critics Society, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja el blog de cine Proyectando Ideas desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.