“Star Wars: Episodio IX: El ascenso de Skywalker” fue la última película de la saga en estrenarse en cines… hace siete (¡¡!!) años. Por ende, tiene sentido el tener ciertas expectativas para el estreno de “Star Wars: The Mandalorian y Grogu”. No solo se trata del gran retorno de la franquicia galáctica a la pantalla grande, sino también de la primera aventura de estos personajes fuera del mundo del streaming. Es la primera vez, pues, que se combinan los universos de Disney Plus con los del cine, lo cual, en teoría, debería atraer tanto a los fanáticos veteranos de la saga, como a aquellos que recién se hayan metido de lleno en esta galaxia gracias al pequeño Bebé Yoda (más conocido como Grogu).
El resultado, entonces, no es del todo convincente, pero tampoco un desastre. Recocígense, en todo caso, con el hecho de que “El ascenso de Skywalker” sigue siendo la propuesta más débil de la franquicia; “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” es una aventura entretenida, por momentos visualmente impactante y en general inofensiva, pero que a la vez, no puedo evitar sentir que pudo (y debió) ser más especial. Es verdad que el producto final logra manejar un buen balance entre referencias para fans y novedades narrativas perfectas para un público neófito, pero eso es lo mínimo que el filme debería ser capaz de hacer. Y fuera de eso, no es que “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” cuente con demasiadas sorpresas.

Asumimos que “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” se lleva a cabo después de los eventos de la tercera temporada de la serie. Al comenzar la historia, vemos al infame Djin Djarin (Pedro Pascal) y su fiel Grogu (haciendo de él mismo) trabajando para la Nueva República, atacando una base de enemigos pro-Imperio. Luego de cumplir dicha misión de forma algo caótica pero entretenida, el dúo regresa a donde la Coronel Ward (Sigourney Weaver, muy bien como siempre), quien les otorga una nueva misión.
Resulta, pues, que están en busca de un líder imperial del que saben poco o nada, y para llegar a él, han llegado a un trato con unos Hutts llamados Los Gemelos (que vienen a ser los primos del conocido Jabba the Hutt). Si la Nueva República los ayuda rescatando a su sobrino (e hijo de Jabba), Rotta (voz de Jeremy Allen White), les darán la ubicación del mencionado enemigo. Por ende, Mando y Grogu son enviados primero a Nal Hutta para hablar con los Gemelos, y luego al planeta donde Rotta está de prisionero. Pero una vez que se encuentran con este último, se dan cuenta de que cumplir con su nueva misión no será del todo sencillo.
Si lo que esperan de “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” es una narrativa compleja, que de alguna manera desarrolle de forma profunda la relación entre ambos protagonistas, y algo nuevo nos diga sobre el estado de la galaxia… lo más probable es que salgan decepcionados de la sala de cine. Tengan en cuenta antes de ver el filme que se trata de una aventura entretenida, similar a las que Mando y Grogu tuvieron en Disney Plus, pero con más presupuesto y acción. “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” no pretende ser una entrega vital para la saga, sino más bien una experiencia divertida, ocasionalmente graciosa y perfecta para un público masivo; ni más ni menos.

Y en ese sentido, la cinta funciona. Como se mencionó líneas arriba, maneja un buen balance entre lo propio de la saga –referencias a personajes y eventos previos, nombres complicados, alienígenas de todo tipo– y elementos fáciles de entender, como para que funcione para cualquier tipo de espectador. Y la experiencia en general se mueve con rapidez, consciente de que, al no contar con una trama particularmente compleja, debe concentrarse más bien en presentar secuencias de acción vistosas e interacciones ocasionalmente tiernas.
Esto, por supuesto, trae consigo algunas consecuencias negativas. Para comenzar, nada en “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” se siente particularmente importante, ya que el filme no tiene tiempo de ahondar mucho en… nada. Algunos beats narrativos se sienten redundantes al ser repeticiones de lo que hemos visto en la serie, y se puede argumentar, incluso, que ambos protagonistas terminan la película prácticamente de la misma forma en que la comienzan. Además, queda la sensación de que todo siempre se resuelve muy fácilmente, ya sea porque Mando es un protagonista increíblemente eficiente y habilidoso, o porque siempre hay algún personaje secundario listo para ayudarlo tanto a él como a Grogu.

Por ende, el nivel de tensión que “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” maneja es bastante bajo. Obviamente nadie va a ver una producción como esta pensando que cualquiera de los protagonistas podría morir, pero eso no quiere decir que las secuencias de acción deberían carecer de suspenso. Eso sí, la mayoría, al menos, están bien coreografiadas y aprovechan las habilidades de los personajes. Destaca un plano secuencia en el que Mando acaba con varios Imperiales; un encuentro inicial con un trío de AT-ATs en la nieve; y una secuencia en una suerte de coliseo en el que Rotta es obligado a pelear (que, valgan verdades, se siente casi como una referencia a una secuencia similar en “El Ataque de los Clones”, pero menos ambiciosa e interesante).
No obstante, donde “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” brilla es en las interacciones entre personajes. Pedro Pascal (y sus dos dobles de cuerpo) sigue siendo el perfecto protagonista estoico; eficiente como él solo, pero siempre pendiente de lo que le pueda pasar a Grogu. Y este último sigue siendo el arma secreta de la franquicia (considerando todo el merch que está llegando con la película, no cabe duda de que Disney lo sabe); cuenta con momentos tiernos, reacciones divertidas, y hasta escenas donde logra demostrar sus habilidades con La Fuerza.
Y de los secundarios, destacan la Coronel Ward de Weaver (quien tiene más que hacer de lo que esperaba); el Zeb de Steve Blum (directo de “Star Wars: Rebels”), un cameo por parte de Martin Scorsese como un vendedor de comida Ardenniano (¡por qué no!), y Rotta “el mamado” Hutt, quien es interpretado con sorprendente empatía por Allen White. De hecho, me animaría a declarar que este último termina siendo la figura más interesante de la película, especialmente cuando nos vamos enterando de cómo siempre tuvo que operar bajo la sombra de su padre, encontrando en los encuentros tipo gladiador algo en lo que por fin podía destacar. Al inicio, ver a un Hutt “chapado” hablando en inglés (o Basic) sí resulta un poco incómodo, pero uno se acostumbra rápidamente a su presencia e importancia en la historia.

Visualmente, “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” se siente como una experiencia mixta. Por un lado, los efectos visuales son todos de gran nivel –nada menos de lo que uno esperaría de un filme de la saga, y por supuesto, de Industrial Light and Magic. Los Hutts lucen todos táctiles y asquerosos, los planetas nuevos –incluyendo a Nal Hutta– son interesantes de ver y se diferencian bastante entre sí, y la mayoría de escenas de acción –fuera de algún que otro plano extraño en chroma– lucen bien. Pero por otro lado, la dirección de fotografía de David Klein se me hizo un poco inconsistente. Hay planos impresionantes, sí, pero también escenas enteras que parecen como algo extraído de la serie de Disney Plus, con un manejo de cámara más bien tieso e iluminación plana. Considerando que hasta el punto más bajo de la saga –el ya mencionado Episodio IX– luce espectacular, tenía sentido esperar algo más vistoso y enérgico de “Star Wars: The Mandalorian y Grogu”.
Mención aparte, eso sí, para la banda sonora del gran Ludwig Göransson. Lo que hace acá no es solo utilizar los temas ya desarrollados para la serie, expandiéndolos cuando es necesario, sino también crear espacios sonoros y musicales nuevos. Acostumbrados a los temas de orquestas tradicionales de John Williams (y hasta de John Powell, en el caso de “Solo: una historia de Star Wars”), al inicio resulta curioso ver (o bueno, escuchar) cómo Göransson experimenta con estilos que antes no se habían utilizado como parte de estas películas. Por ende, acabamos con temas de corte más bien electrónico, influenciados por la música de filmes de ciencia ficción de los ochentas, así como temas memorables para personajes como los Hutts. Es todo muy tarareable y memorable, y también emocionante y muy distinto a lo que se ha visto en entregas previas de la saga.
“Star Wars: The Mandalorian y Grogu” terminó siendo exactamente lo que esperaba: ni más (lamentablemente), ni menos (felizmente). Se siente como un episodio largo y de más presupuesto de la serie de Disney Plus que, tratando de compensar por su falta de caracterizaciones complejas, novedades narrativas o dirección de fotografía vistosa, incluye varias secuencias de acción emocionantes, criaturas de todo tipo (grandes, pequeñas, feas, tiernas), buenas actuaciones y una palpable sensación de diversión. “Star Wars: The Mandalorian y Grogu” le agradará tanto a fanáticos como a espectadores neófitos; no dejará a nadie con la boca abierta, pero tampoco los dejará frustrados, aburridos o (como ha sucedido en el pasado con esta franquicia), enfadados.
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

