Estrenos, cartelera, trailers. Un espacio para compartir, informarte y opinar sobre el mundo cinematográfico
CRÍTICA: Encuentros cercanos del tercer tipo (1977) – el primer contacto

CRÍTICA: Encuentros cercanos del tercer tipo (1977) – el primer contacto

Sebastian Zavala Kahn

Crítico de cine

Considerando que pronto se estrenará la más reciente película sobre contacto alienígena del maestro Steven Spielberg, “El día de la revelación”, tiene sentido regresar casi cincuenta años (¡!) al filme que lo comenzó todo. Estrenándose el mismo año que la primera “Star Wars”, “Una nueva esperanza”, “Encuentros cercanos del tercer tipo” es la película que, luego de “Tiburón”, terminó por cementar a Spielberg como el rey de los blockbusters y como un cineasta que, al parecer, no podía hacer nada mal. ¿Pero qué tal se ve esta cinta tanto tiempo después, y luego de haber pasado por decenas y decenas de producciones que lidian con temas similares?

Bueno, en general no está mal. Evidentemente, se entiende por qué “Encuentros cercanos del tercer tipo” es considerada hasta el día de hoy como un clásico. Al estrenarse, las audiencias no habían visto nada parecido –ni a nivel narrativo, ni a nivel de ambición visual. Y aunque algunos elementos de la producción en general han envejecido un poco, lo que tenemos acá es un blockbuster de ciencia ficción ambicioso, por momentos perturbador, en general interesante, pero sorprendentemente frío. Quizás se debe a que he visto “E.T.: El extraterrestre” cientos de veces (y que al hacerlo siempre termino llorando), pero al reencontrarme con “Encuentros cercanos del tercer tipo”, me he dado cuenta de que no genera nada en mí a nivel emocional. La experiencia en sí es fascinante, pero no creo que esté al mismo nivel que el otro filme.

“Encuentros cercanos del tercer tipo” tiene como protagonista a Roy Neary (Richard Dreyfuss, de vuelta con Spielberg luego de “Tiburón”), un hombre de familia aparentemente común y corriente que vive con su esposa, Ronnie (Teri Garr, de “El joven Frankenstein”), y sus hijos en Wyoming, trabajando para la compañía eléctrica local. Pero cuando comienzan a haber apagones en la zona y Roy es enviado a investigar lo que está pasando en medio de la noche, algo extraño sucede. Perdido en medio de la nada, unas luces aparecen detrás de él y luego encima, el hombre comienza a flotar dentro de su vehículo, todo tiembla, y luego de unos segundos…. Nada.

Pero Roy ha quedado marcado, y no solo porque, debido a las extrañas luces, se ha bronceado la mitad de la cara. No puede dejar de pensar en un objeto enorme con forma de montaña, el cual dibuja y eventualmente esculpe. Razón por la que, una noche, saca a su familia entera a la carretera para buscar de nuevo las luces, junto a un grupo de gente a la que le pasó lo mismo, entre la que se encuentra Jillian (Melinda Dillon), madre del pequeño Barry (Cary Guffey). Pero no vuelve a encontrar nada. Y sin embargo, Roy sigue obsesionado, lo cual eventualmente motiva a Ronnie a irse de casa con los chicos, y a nuestro protagonista a tomar acción. Después de todo, necesita saber qué pasó, si es que volverá a pasar.

A la par, el filme también narra la historia de Claude Lacombe (el legendario director francés François Truffaut), líder de una coalición entre Estados Unidos y Francia que estudia la aparición de objetos extraños en el cielo. Luego de investigar la reaparición en México de unos aviones militares desaparecidos veinte años antes, Lacombe y su equipo llegan a Wyoming, empecinados en averiguar qué está pasando con las luces que Roy y compañía encontraron. Es así que, para el final, Roy, Jillian y Lacombe y todos sus hombres se terminan encontrando en el mismo lugar, y con el mismo objetivo: hacer contacto (o, en otras palabras, tener un encuentro cercano del tercer tipo).

“Encuentros cercanos del tercer tipo” lidia con las preocupaciones que, al parecer, han estado en la mente de Spielberg por mucho tiempo. Su guion (el cual, en realidad, fue la modificación de un borrador escrito por Paul Schrader y, supuestamente, varios otros guionistas) nos muestra a un protagonista obsesionado con la idea de descubrir la verdad. Alterado por su primer contacto —el cual, al parecer, dejó algún tipo de pista o imagen en su cerebro—, Roy es un personaje con el que puede ser difícil empatizar. De hecho, esto ha causado que, por años, se debata si es que terminó haciendo lo correcto: abandonando a su familia, besando a una mujer extraña y eventualmente haciendo todo lo posible por conocer la verdad.

De hecho, me hubiese gustado que “Encuentros cercanos del tercer tipo” explorara un poco más a Roy como ser humano. Mucho de lo que hace, y por ende, las motivaciones detrás de sus acciones, quedan en el subtexto. Se puede inferir, pero esta es una de las pocas ocasiones en las que hubiese preferido algo un poco más explícito, especialmente considerando que prácticamente lo abandona todo por seguir sus instintos –y la imagen de la roca gigante– para ir a buscar aliens. Richard Dreyfuss está muy bien como Roy, interpretándolo como alguien que gradualmente va perdiendo la cordura, fascinado casi de forma infantil con las luces que tanto impacto le causaron. Pero lamentablemente, Roy no termina siendo un protagonista particularmente profundo.

No obstante, mucho de esto es compensado por las ideas y el tono que maneja la película. “Encuentros cercanos del tercer tipo” es un filme de alienígenas benignos, que obedecen a muchos de los conceptos que por años se han ido esparciendo como parte de la cultura popular: criaturas grises pequeñas que abducen gente, se la llevan sus naves y la devuelven días, meses o hasta años después. Puede sentirse estereotípico, pero justamente lo que más funciona de “Encuentros cercanos del tercer tipo” es que agarra los preceptos que tenemos de los supuestos extraterrestres que la gente ve en la vida real, y nos dice: “Sí, todo eso es cierto”. Es así que, en cierta parte, “Encuentros cercanos del tercer tipo” se puede percibir como la confirmación de nuestras más ridículas sospechas, todo presentado de forma esperanzadora.

Por otro lado, resulta intrigante el rol del Lacombe de Truffaut en la narrativa. El suyo es un personaje idealizado: el del trabajador gubernamental de alto rango, que conoce la realidad detrás de todos los secretos que la gente conspiranóica siempre intenta difundir y que, a pesar de trabajar entre las sombras, al final parece tener intenciones genuinamente buenas. Truffaut (en el único rol que interpretaría en una película dirigida por alguien más) brilla como un Lacombe práctico pero sorprendentemente naíf, quien para el final se da cuenta de la importancia del encuentro que tendrán con los aliens, así como del rol de un Roy que no se puede sacar a estas criaturas y sus naves de la cabeza.

Adicionalmente, está el rol de la comunicación. Décadas antes de “La llegada, “Encuentros cercanos del tercer tipo” postula que la comunicación con seres de otro mundo podría llevarse a cabo a través de simbología —en este caso, un lenguaje de señas basado en música— y, por supuesto, cinco notas musicales que, con el tiempo, se han hecho icónicas. Me parece que el trabajo del gran John Williams acá es correcto; atmosférico, misterioso, pero curiosamente poco memorable. Pero la excepción son aquellas famosas cinco notas que se han convertido en sinónimo de “Encuentros cercanos del tercer tipo”, y de la forma en que los personajes se comunican con los aliens. Difícil sacarse esa tonadita de la cabeza luego de haber visto la película.

¿Y qué hay del tono? De forma similar a “E.T.”, hay algo en cómo “Encuentros cercanos del tercer tipo” se siente que me deja fascinado. El hecho de que buena parte de la película se lleve a cabo de noche, en lugares desolados. El magnífico uso de las sombras y el claroscuro, tanto en escenas de conflictos domésticos en la casa de Roy como en las secuencias más fantásticas. La ausencia (casi total) de diálogo en los momentos en los que los personajes tienen sus primeros contactos con los extraterrestres. Hasta la utilización de tecnología antigua (para nosotros) y la ausencia (lógica) de smartphones e Internet. Todo contribuye a que “Encuentros cercanos del tercer tipo” se sienta como un retroceso a una época más simple, donde un posible encuentro con aliens se sentiría más mágico y misterioso, totalmente coherente con la visión esperanzadora y optimista que Spielberg claramente tiene de esta historia.

Mención aparte, por supuesto, para los efectos visuales de Douglas Trumbull (“2001: una odisea en el espacio”). En una época anterior a los efectos visuales digitales y a la existencia de empresas como Industrial Light & Magic (la cual fue fundada por George Lucas para la producción de la ya mencionada “Star Wars”), el filme hace uso de efectos ópticos verdaderamente espectaculares, que en general lucen todavía convincentes hoy en día. Sí, hay un par de matte paintings que se ven como lo que son, así como imágenes compuestas ópticamente que de realistas no tienen mucho. Pero todo lo relacionado a las naves –presentadas como siluetas fugaces que emiten luces y flaresy los aliens –que se mueven entre las sombras y a contraluz, y me resultan muy perturbadores hasta el día de hoy– luce increíble, haciendo que “Encuentros cercanos del tercer tipo” se sienta como una experiencia que ha envejecido un poco… pero no demasiado.

Puede que “Encuentros cercanos del tercer tipo” sea menos emotiva que “E.T.”, menos espectacular que algo como “Indiana Jones y los Cazadores del Arca Perdida”, y en su momento, menos espectacular que “Star Wars”. Y puede que, lo crean o no, no sea de mis películas favoritas del maestro Spielberg. Pero igual se trata de una experiencia única; algo extraña, bastante fría, por momentos perturbadora, pero en general optimista en cuanto a lo que podría pasar si llegáramos a hacer contacto con extraterrestres. “Encuentros cercanos del tercer tipo” ha influenciado a tantas películas de ciencia ficción posteriores que para el 2026 ha perdido un poco de su potencia, pero no lo suficiente como para que no valga la pena recomendarla. Anímense a tener un encuentro cercano con esta cinta, especialmente si no la han visto antes; no se arrepentirán.

NOTA: la versión de “Encuentros cercanos del tercer tipo” que vi para esta crítica fue la ORIGINAL de 1977, remasterizada en 4K, y sin ningún efecto visual o escena nueva (¡prefiero no saber cómo se ve la Nave Nodriza por dentro!).

Crítica de Sebastián Zavala Kahn

Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *