Crítica: «Being the Ricardos» Es un producto final entretenido, suficientemente bien actuado, y fascinante.

Sebastián Zavala Kahn
Sebastián Zavala Kahn

Crítico de cine

No es una exageración decir que “I Love Lucy” es una de las series (o sitcoms) más influyentes de la historia de la televisión norteamericana. Es por eso, de hecho, que no resulta sorprendente que el director-guionista Aaron Sorkin se haya animado a traer a la pantalla grande una de las tantas historias (cuasi verdaderas) relacionadas a dicho show, y por supuesto, a sus protagonistas, Lucille Ball (Nicole Kidman) y Desi Arnaz (Javier Bardem). En todo caso, lo que sí sorprende es que uno pueda disfrutar de la película sabiendo poco o nada sobre Ball y la serie de televisión. Lo que tenemos acá, pues, es un entretenido drama, bien actuado, y con algunos elementos narrativos que funcionan mejor que otros.

De hecho, se podría argumentar que lo más fascinante de “Being the Ricardos” está en los detalles sobre la filmación de “I Love Lucy”. La película se lleva a cabo en el transcurso de unos cuantos días, desde la primera lectura del guión de un episodio en especifico, hasta la grabación del mismo. Es ahí que el espectador se entera de todos los dramas que están sucediendo fuera de cámara: Lucille sospecha que Desi la está engañando con otra mujer; la prensa está a punto de lanzar una noticia acusándola de ser comunista, y ahora que ha anunciado su embarazo, los productores del show se rehusan a mostrarla en dicha condición frente a cámaras, lo cual podría traerle problemas a los guionistas. No fue una buena semana para Ball, de eso no hay dudas.

No obstante, a pesar de que muchos de estos conflictos podrían llegar a ser bastante graves, terminan sintiéndose algo pequeños, como obstáculos que uno está seguro serán enfrentados y resueltos sin mayores problemas tanto por Lucille como por Desi. De hecho, si saben algo de la historia de “I Love Lucy”, seguramente recordarán que las acusaciones a Ball no terminaron por arruinar el show. Y tal y como nos dice el filme mismo poco antes de los créditos finales, Ball y Arnaz ser divorciaron en 1960. Por ende, se podría argumentar que la película se disfruta mejor si es que uno no sabe la historia real; de lo contrario, el final se puede llegar a sentir algo previsible, disminuyendo la tensión de la narrativa.

Pero nuevamente (y especialmente para aquellos interesados en lo audiovisual): donde “Being the Ricardos” brilla, es en los detalles de la producción del programa. Después de todo, “I Love Lucy” fue la serie que estableció la utilización de tres cámaras en simultáneo para la grabación de comedias de situación, así como la preferencia por la película de 35mm, para que el programa llegue en buena calidad al país entero. Resulta fascinante ver, además, el proceso de Lucille tanto como actriz, como en su rol de cocreadora del personaje. Por ejemplo, Sorkin, visualiza su proceso creativo a través de recreaciones en blanco y negro de lo que está pensando, dando a entender que Ball podía ver los gags y diálogos graciosos en su cabeza mientras se los recitaban. Esto denota de manera muy eficiente lo importante que era para el programa, y no solo como la actriz principal frente a cámaras.

Como suele pasar con las películas de Sorkin, “Being the Ricardos” utiliza diálogos rápidos, personajes caminando por las diferentes locaciones y sets, y movimientos de cámara acelerados, para otorgarle algo de tensión y suspenso a la historia. Lo cual ayuda bastante a que la película se sienta más “importante” de lo que verdaderamente es, compensando algunas de sus deficiencias narrativas (especialmente aquellas relacionadas a los aspectos más conocidos de la vida de Ball y Arnaz). No obstante, sí se siente algo larga, especialmente considerando que muchos de los flashbacks —que muestran cómo Lucille y Desi se conocieron, así como su vida doméstica antes de comenzar con la serie— terminan siendo más interesantes que el drama en el “presente”. Una versión veinte minutos más corta de “Being the Ricardos” se movería a mejor ritmo, y no se desinflaría tanto hacia el final.

Las actuaciones son todas de buen nivel, por más de que algunas de las decisiones creativas por parte de Sorkin sean cuestionables. Nicole Kidman no se parece mucho a Lucille Ball —de hecho, por momentos (especialmente durante los primeros planos) parece que está usando una máscara de Ball, en vez de estar encarnándola. Y sin embargo, hace un buen trabajo imitando su voz y sus manierismos, haciendo que el espectador la termine aceptando como el personaje después de un rato. Por su parte, Javier Bardem es suficientemente carismático como Desi Arnaz, logrando convertirlo en un personaje tridimensional y verosímil. Simplemente lamento que un actor cubano (igual de talentoso) no haya podido interpretarlo, en vez de tener a un artista español tratando de esconder su verdadero acento. Por otro lado, el reparto secundario está lleno de figuras talentosas; Nina Arianda como Vivian Vance; J.K. Simmons como un hilarantemente gruñón William Frawley; Tony Hale como el productor Jess Oppenheimer, y la infravalorada Alia Shawkat como la coguionista Madelyn Pugh.

Lo mejor de “Being the Ricardos” es que no busca ser un bio-pic tradicional de Lucille Ball. No intenta contar la historia entera de su vida, mostrándole al espectador cómo decidió convertirse en actriz ni mucho menos. Lo que sí hace, es entrelazar dos líneas de tiempo distintas, contrastando su transición del cine a la radio y, finalmente, a la televisión, con el éxito rotundo de “I Love Lucy” y sus problemas personales. Es un balance delicado que no siempre funciona del todo, pero que de todas maneras resulta en un producto final entretenido, suficientemente bien actuado, y fascinante cuando se concentra en los detalles de la producción del programa. Puede que “Being the Ricardos” no esté al mismo nivel que las mejores películas de Sorkin, pero igual vale la pena que le den una oportunidad —sean fanáticos de Lucille Ball, o no.

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