Por más que muchas de las películas recientes de Pedro Almodóvar se hayan sentido cercanas, su última producción, “Amarga Navidad”, se termina sintiendo particularmente personal. Lo que ha hecho el afamado director acá es utilizar el cine como confesional, mostrándonos el precio que se tiene que pagar cuando se mezcla la realidad con la ficción, o mejor dicho, cuando se usan experiencias reales para escribir ficción. El resultado es una cinta que, sin llegar a ser de mis favoritas de su filmografía, funciona como un fascinante acercamiento al proceso creativo de Almodóvar — y a los problemas, tanto personales como profesionales, con los que se encuentra al trabajar.
“Amarga Navidad” maneja dos líneas narrativas. La primera se lleva a cabo en el año 2024 y tiene como protagonista a un cineasta llamado Raúl Rossetti (el argentino Leonardo Sbaraglia), quien está trabajando en su más reciente guion. Se encuentra con un pequeño obstáculo, sin embargo, cuando su asistente, Mónica (Aitana Sánchez-Guijón), quien ha trabajado con él por veinte años, le anuncia que se quiere tomar un sabático. Pero inesperadamente, esto resulta en Raúl comenzando a inspirarse tanto en ella como en sus problemas para escribir su película, lo cual no le termina haciendo gracia a esta última en lo absoluto.

Y curiosamente, la segunda línea narrativa se lleva a cabo dentro de la ficción que Raúl está escribiendo, en el año 2004, a través de escenas que dramatizan el guion que está creando. Es aquí donde conocemos a Elsa (Bárbara Lennie), una cineasta que solo logró dirigir dos películas (al parecer de culto), y que ahora se dedica a la publicidad. Pero luego de que su madre muere, la mujer comienza a tener ataques de pánico, los cuales afectan su trabajo y preocupan a su joven enamorado, el bombero y stripper Bonifacio (Patrick Criado). Es así que Elsa finalmente se anima a salir de vacaciones a una isla, llevándose primero a su supuesta mejor amiga, Patricia (Victoria Luengo), quien sospecha su marido la está engañando en París, y luego a Natalia (Milena Smit), quien cayó en depresión luego de que su hijo pequeño murió en un accidente.
De esta forma, “Amarga Navidad” logra desarrollar una sensación de paralelismo entre ambas historias, cada una protagonizada por un cineasta –representante del mismísimo Almodóvar, por supuesto– que está encontrando un propósito en su trabajo. Para Raúl, se trata de un esperado regreso al cine, pero que se termina convirtiendo en una riña con Mónica, quien simplemente no quiere que sus desgracias sean utilizadas para una catarsis personal o una satisfacción creativa. Y para Elsa, se trata de una forma de salvar a sus amigas –no necesariamente (o solo) porque genuinamente quiera ayudarlas, sino más bien porque ella necesita convertirse en una salvadora.
Ambas tramas, además, nos muestran a personajes que quieren superar el trauma del dolor y el duelo. El mismo Raúl utiliza la escritura como terapia para hablar sobre su madre, y Elsa se da cuenta de que estuvo huyendo por mucho tiempo, tratando de evitar confrontar la realidad. A través de su guion, al igual que su creador, pretende lidiar con sus demonios internos y con el dolor que nunca confrontó, ligado a la muerte de su madre. Por su parte, Mónica intenta confortar a su pareja, quien acaba de perder a su hijo, y Raúl, en la ficción, incluye al personaje de Natalia, quien también acaba de perder a su pequeño y no sabe cómo lidiar con la penuria.

Como se deben haber dado cuenta ya, “Amarga Navidad” es una película de varias capas, donde la realidad es un reflejo de la ficción y viceversa. De esta manera, Almodóvar parece decirnos que siempre hay algo personal, algo real en su cine, y que él utiliza su ficción para lidiar con los males de la vida real. Pero felizmente, también incluye en esta nueva cinta las consecuencias de sus decisiones –personajes que le dan tanta importancia a la ficción, que terminan quebrando lazos importantes de amistad o trabajo. Todo lo vale, al parecer, cuando se está escribiendo; o al menos es así tanto para Raúl como para Elsa.
Bárbara Lennie está muy bien como Elsa, interpretándola como una mujer que utiliza el trabajo para escapar de todo –inicialmente, del duelo que teme confrontar luego de la muerte de su madre, pero después de sus amistades, e incluso de su relación con Bonifacio. Es una interpretación sutil pero potente, que brilla más en escenas como la de la canción de Chabela Vargas que escucha junto a Patricia. Y por su parte, Leonardo Sbaraglia destaca como un Raúl que no mide las consecuencias de sus actos, y que prioriza su trabajo por sobre todo –incluso su relación con el joven Santi (Quim Gutiérrez), que por momentos parece más su nuevo asistente que su pareja.
Puede que no todo el mundo logre conectar con “Amarga Navidad”. Después de todo, a nivel muy básico, es una película sobre cineastas, sobre el proceso creativo y, más específicamente, una película de Almodóvar sobre Almodóvar. Pero si uno ve más allá, también se encuentra con una experiencia emotiva sobre la amistad y el miedo al duelo, así como la salud mental. Nuevamente: “Amarga Navidad” no es de lo mejor que Almodóvar haya hecho, pero igual se siente como algo suficientemente personal y visualmente estimulante –lleno de colores primarios vivos, entre los que destacan los rojos y los azules– como para que funcione. “Amarga Navidad” no me dejó amargado, sino más bien satisfecho con lo que vi.
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

