¿Quién hubiera dicho que la más reciente entrega de la enorme franquicia de Illumination, “Minions y Monstruos”, terminaría siendo una carta de amor al cine clásico, a la experiencia comunal de ver una película fuera de casa y al rol del cineasta apasionado? ¿Quién hubiera dicho, además, que tendría más de una similitud con la caótica “Babylon”, de Damien Chazelle? ¿Y quién diría que terminaría siendo tan entretenida no solo gracias al claro amor que el director Pierre Coffin siente por el slapstick tradicional, sino también por la gran cantidad de referencias que incluye a filmes como “Ciudadano Kane”, “Casablanca” o “El día que la Tierra se detuvo”?
Yo no, para serles honesto.
“Minions y Monstruos” es una grata sorpresa, como se deben imaginar. Sí, sigue dependiendo bastante del carisma de estos absurdos monstruitos, quienes son capaces de hablar únicamente con una mezcla de idiomas como el francés, italiano o español, muchas veces suplantando palabras por otras que, francamente, no tienen sentido ni fuera ni dentro de contexto. Y sí, la trama es prácticamente inexistente. Pero no pude evitar sentirme encantado por “Minions y Monstruos”; por su sinceridad, por lo deliciosamente ridícula que es, y nuevamente, por cómo se siente como una suerte de confesión por parte de Coffin, quien realmente quiere que sus creaciones se conviertan en parte importante de la historia de Hollywood. “Estos personajes son más que criaturitas idiotas”, parece querer decirnos.

“Minions y Monstruos” es, en realidad, una historia dentro de otra, narrada por una guía (voz de Allison Janney) en una exposición del Hollywood clásico, donde se ven estatuas de la Maschinenmensch de “Metrópolis”, de Fritz Lang, la Criatura del Lago Negro y hasta Neo, de “Matrix”. Incluso hay un excelente cameo por parte del maestro George Lucas, quien le otorga su voz a una versión caricaturizada de sí mismo. Tiene sentido, pues, que alguien como Lucas, ahora jubilado pero a punto de inaugurar su Museo del Arte Narrativo en Los Ángeles, decida aparecer en una película llena de monstruitos graciosos que, además, homenajea al arte del cine.
Pero me desvío del tema. La guía. Esta le cuenta a un grupo de turistas sobre Henry y James (¿Como el autor británico Henry James? ¡Las referencias no paran!), con voz del director Coffin, dos Minions que se convirtieron en leyendas vivientes de Hollywood. Resulta, que luego de buscar a “jefazos” para los cuales trabajar alrededor del mundo (sin incluir a Hitler, por supuesto, tal y como el mismísimo Coffin lo ha declarado… ¡uf!), James decide convertirse en cineasta luego de trabajar, junto a todos sus compañeros, para el director de cine mudo Max (Christoph Waltz en inglés, el director argentino Andy Muschietti (de las películas de “It”) en español).
Pero cumplir sus sueños no es tarea fácil. Después de todo, una vez que las películas transicionan al sonido, los Minions se quedan sin trabajo—su idioma, después de todo, no es compatible con los guiones que reciben. Pero inspirado en un libro de invocaciones que encontraron previamente, James decide desarrollar una película de monstruos gigantes para convertirse en un gran cineasta. Así que termina invocando al ¿temible? Goomie (Trey Parker; sí, el de “South Park”) para que lo ayude. Pero este, lamentablemente, tiene otros planes, los cuales involucran la llegada de Miranda (o Eyereen en inglés), una criatura devoramundos que amenaza con acabar con nuestro planeta.

Nuevamente: la trama en “Minions y Monstruos” no es lo más importante. Acá lo que vale es la experiencia en general, el humor y todas las situaciones disparatadas en las que se involucran nuestros amarillos protagonistas. Desde que el filme comienza con una serie de breves escenas en las que los Minions se meten en películas clásicas de la época del Hollywood mudo (como “La llegada del tren a la estación”, de los hermanos Lumiére, o “Un viaje a la luna”, de Georges Méliès), queda claro que “Minions y Monstruos” estará más interesada en hacer cosas graciosas con el contexto en el que se lleva a cabo, que en desarrollar algo verdaderamente profundo o hasta emotivo.
¿Y saben qué? Eso está bien.
Porque al final del día, se nota que los intereses de Coffin y compañía están más en lo sensorial y lo humorístico que en lo narrativo. Y es gracias a eso –y a la pasión que claramente sienten por el cine– que la película funciona. Hay slapstick por montones y la mayoría funciona; consideren, si no, la escena en la que James parece invernar el concepto de pisar un Lego (con la ayuda inconsciente de un cíclope gigante). O la destructiva llegada del pequeño ejército de Minions a la ciudad de Los Ángeles, a bordo de un tren descarrillado que manejan para esquivar peatones y carros. Y por supuesto, la secuencia climática final, que parece algo sacado de un filme clásico de monstruos, como “La humanidad en peligro” o “El monstruo de los tiempos remotos”.

Y por supuesto, están las ya mencionadas referencias directas a filmes clásicos. Cierto personaje le pide a un pianista llamado Sam que “toque la pieza otra vez”. Los Minions recrean la clásica escena de muerte de Charles Foster Kane en “Ciudadano Kane” (con poco éxito). Y la mera presencia de un tipo que (al parecer) se cree robot llamado Dort (Jessie Eisenberg) es un homenaje directo al droide Gort de la versión de 1951 de “El día que la Tierra se detuvo”. Al llevarse a cabo durante la Era Dorada de Hollywood antes de la Gran Depresión, con Max trabajando para los Hermanos Bright (parodias de los Hermanos Warner), “Minions y Monstruos” termina sintiéndose como una carta de amor al concepto romántico del cine de estudio, ambicioso y glamoroso.
Visualmente, “Minions y Monstruos” es de lo más caótico y complejo que haya hecho la gente de Illumination hasta el momento. La estética en general respeta lo desarrollado en filmes previos de la franquicia, pero con personajes de diseño más detallado, así como locaciones que lucen como reproducciones de lugares de la vida real (pero de forma exagerada, claro está). Los humanos son suficientemente caricaturescos, y resulta divertido cuando la película incluye imágenes de las películas que los personajes filman, en blanco y negro y con una mezcla de sonido en mono. Hasta me dio gusto ver a personajes terciarios usando Moviolas para editar películas a la antigua; no nos podemos quejar, por lo menos, de que “Minions y Monstruos” no incluya suficientes referencias para mantener contento a cualquier cinéfilo empedernido.
¿Es “Minions y Monstruos” arte puro? No realmente. ¿Es perfecta? Claro que no. Se enlentece y hasta se torna un poco repetitiva durante el segundo acto, y varios de sus gags se sienten exageradamente infantiles. Pero recordemos que esta es, principalmente, una película para niños; todo lo demás es como un bonus para que los adultos en el cine no se aburran. El que dicho bonus sea todo un sentido homenaje al cine, a la experiencia comunal del arte, a la Era Dorada de Hollywood y al concepto romántico del sistema de estudios antes de la Gran Depresión, eso sí, es toda una grata sorpresa. “Minions y Monstruos” es de lo mejor que Illumination ha hecho con la franquicia, bueno, desde la primera “Mi Villano Favorito”. Ojalá sigan así de ambiciosos para cuando tengan que hacer la (inevitable) siguiente entrega.
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, la OFCS – Online Film Critics Society y la IFSC – International Film Society Critics, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja la cuenta de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.

