“La casa de las dagas voladoras” salió en cines un par de años, no más, después de “Héroe”, la película anterior del gran Zhang Yimou, y en una época en la que el wuxia se internacionalizó, en (gran) parte gracias al éxito de “El tigre y el dragón” (película a la que pienso regresar pronto, dicho sea de paso). Pero por alguna razón, en comparación a aquellas dos producciones, “La casa de las dagas voladoras” terminó pasando por cines occidentales sin pena ni gloria, seguramente dejando una buena impresión en los fanáticos del subgénero, pero sin llegar a tornarse igual de masiva que otros filmes de similar corte.
Lo cual es una pena, porque “La casa de las dagas voladoras” es un excelente ejemplo de lo que se puede lograr en el subgénero del wuxia, mezclando las escenas de pelea altamente estilizadas que todo el mundo esperaría, con un romance intenso y trágico. El resultado es una película ligeramente menos emocionante que algo como “Héroe”, pero que igual debería ser capaz de calar en un público dispuesto a dejarse llevar por una historia épica, romántica y llena de traiciones y retraiciones. Lo mejor, en todo caso, es considerar a “La casa de las dagas voladoras” bajo sus propios términos y sin compararla a las películas anteriormente mencionadas, y mucho menos a los filmes del género dirigidos por el mismo Yimou.
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La cinta se lleva a cabo en la última etapa de la dinastía Tang de China, en el año 859 después de Cristo, y tiene como protagonista a Jin (Takeshi Kaneshiro), un policía encubierto que decide ir al Peony Pavilion, un prostíbulo en el que espera encontrar a una nueva bailarina que se supone pertenece a la Casa de las Dagas Voladoras (¡ajá!) un peligroso grupo subversivo que trabaja en contra del gobierno. Dicha bailarina es Mei (Zhang Ziyi, que a principios de la década pasada estaba en todas partes, y de hecho aparece, también, tanto en “Héroe” como en “El tigre y el dragón”), quien asombra a todo el mundo con sus habilidades con la espada y su rapidez de movimientos, lo cual es doblemente impresionante considerando que es ciega.
Inesperadamente, y luego de que Mei es descubierta en el prostíbulo, Jin decide sacarla de cárcel y escapar. Resulta, pues, que nuestro protagonista ha decidido hacerse pasar por un aliado de los subversivos, para así convencer a Mei de que lo lleve a su cuartel general, y su compañero, el también policía Leo (Andy Lau), pueda encontrarlo. Pero algo sorprendente sucede: Jin comienza a enamorarse de Mei, lo cual obviamente hará que cumplir su misión sea más difícil. Y aunque la chica no es ninguna tonta, al ser ciega no se da cuenta de que su nuevo amante podría estar ocultando algo… ¿o sí? “La casa de las dagas voladoras” es una película llena de traiciones y dobles y triples espías, por lo que termina siendo capaz de presentarnos diversos giros narrativos, incluso hacia el final de la película.
Si lo que quieren encontrar en “La casa de las dagas voladoras” es acción y coreografías impresionantes, pues no quedarán decepcionados. Como cualquier otro buen exponente del wuxia, el filme está lleno de momentos visualmente espectaculares y memorables, en donde Yimou y su equipo hacen uso de movimientos corporales increíbles, casi etéreos, que convierten a las peleas en algo más parecido al baile. Resalta, por ejemplo, un encuentro entre Mei y unos soldados en un bosque de bambú, un tipo de locación clásico del cine chino, pero que acá igual es presentado de la forma más visualmente impactante.
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Por otro lado, al inicio de la película tenemos el Juego del Eco. Luego de encontrar a Mei, Leo la coloca en medio de una habitación rodeada de tambores, y comienza a lanzar maníes a los tambores. La idea es que Mei tiene que darle a los mismos tambores con las mangas alargadas de su vestido. Obviamente con cada ronda va aumentando la dificultad de los movimientos, lo cual no hace más que motivar a la Mei de Ziyi a cumplir con coreografías más complejas, las cuales son presentadas a través de planos generales vistosos, y planos cercanos que hacen un gran énfasis en su rostro, en el movimiento de sus brazos, y en la fluida manera en que se mueve la tela de sus mangas. Es todo espectacular, completamente fantasioso, y final del día, altamente hipnotizante.
Mientras va avanzando la película, sin embargo, se va haciendo un menor énfasis en la violencia estilizada, la historia centrándose más en sus elementos románticos. Esto podría terminar por alienar a cierto público, pero Vuestro Servidor cree que funciona bastante bien en “La casa de las dagas voladoras”. El romance central, que se va desarrollando de manera trágica y al final sangrienta, es coherente con el tono general de la película, así como con el contexto en el que se está narrando la trama. Lo interesante de “La casa de las dagas voladoras” es que no solo emociona con sus estilizadas escenas de pelea, si no también que llega a conectar emocionalmente con el espectador a través del desarrollo trágico de la narrativa.
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Por otro lado, vale la pena mencionar que “La casa de las dagas voladoras” es de las experiencias más hermosas que puedan tener a nivel visual con una película. De hecho, es una pena que el Blu-Ray original que tengo —el cual, valgan verdades, solo me costó 2 libras hace unos años en Londres— venga con un transfer bastante paupérrimo, que termina por apagar los colores intensos del vestuario y locaciones. No obstante, incluso con esas deficiencias técnicas, “La casa de las dagas voladoras” logra verse absolutamente increíble, mostrándonos interiores altamente detallados, vestuarios bellos y complejos y que se mueven como el agua junto a los actores, y exteriores que aprovechan al máximo los bosques, campos y lagos en los que se filmó. Incluso si no logran conectar con la trama de “La casa de las dagas voladoras”, al menos deberían ser capaces de admirar las imágenes que nos otorga.
Pero lo más probable es que sí lleguen a disfrutar de la historia, así como de los personajes, por más de que hayan más intentos de violencia sexual de lo que me hubiese gustado (era algo tristemente común en la época, me imagino, pero igual resulta incómodo verlo en una película). Lo que tenemos acá es una bestia distinta a “Héroe”; un filme que se deleita en entregarnos encuentros violentos espectaculares, sí, pero que también decide desarrollar un romance que todos sabemos no hay forma vaya a terminar bien. El resultado es una cinta que, nuevamente, no terminó siendo igual de popular que sus pares, pero que igual vale la pena redescubrir más de veinte años después de su estreno original. Puede que no haya escuchado mucho sobre “La casa de las dagas voladoras”, pero es precisamente por eso que vale la pena que le den una oportunidad.
Crítica de Sebastián Zavala Kahn
Comunicador audiovisual y crítico de cine. Bachiller en Comunicación Audiovisual por la PUCP; Maestría en Artes de MetFilm School en Londres; miembro de la APRECI —Asociación de Prensa Cinematográfica—, y la OFCS – Online Film Critics Society, y crítico oficial de Rottentomatoes.com. Integra el staff de las webs de Nintendo Pe, Cinencuentro y Ventana Indiscreta. Maneja el blog de cine SebaZavaReviews desde el 2012. Cofundador de NoEsEnSerie.com y FotografíaCalato.com, y coautor del libro Videogames You Will Never Play, del colectivo Unseen64.